Décimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario Jn 6, 41-51

Comentario por el Padre Jorge Fuentes

Se está escuchando durante estos domingos Jn capitulo 6. Para encontrar el hilo conductor del capítulo, se necesita una lectura paciente para sacar el sentido original de la catequesis cristológica que contiene el discurso. Pero ¿qué lugar ocupa el texto de hoy en el conjunto de Jn 6? A continuación, una mirada de conjunto.
El capítulo en su estructura está conectado por siete preguntas y dos afirmaciones que articulan una sola confesión de fe. La primera: Rabí, ¿cuándo has llegado aquí? (6, 25), que conecta con el signo de la comida abundante y con el inicio del discurso en la sinagoga. La segunda: ¿Qué hemos de hacer para hacer las obras de Dios? (6, 28). Esta sube el tono de la conversación entre la gente y Jesús; inicia una búsqueda profunda e indaga cómo vivir en sintonía haciendo la voluntad de Dios. La tercera: ¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obras realizas? (6, 30). Esta pregunta pasa a ser polémica, ya que se le plantea un desafío a Jesús. En este momento hay una pausa en el discurso para expresar la apertura a la fe en Jesús: “Señor danos siempre de ese pan” (6, 34).
La cuarta: ¿No es este Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora, he bajado del cielo? (6, 42). Estas son preguntas de murmuración. La quinta: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? (6, 52). Jesús no es bien interpretado, pero ello da origen a la máxima revelación de su identidad. Aquí se está en el corazón del discurso. La sexta: Es duro este lenguaje, ¿Quién puede escucharlo? (6, 60), aquí aparecen los discípulos, quienes expresan su resistencia a vivir la propuesta de Jesús. Y, la séptima: Señor, ¿Dónde quién vamos a ir? (6, 68a). El discípulo es el que cree y que camina el camino revelado por Jesús. Así el texto ha llegado donde quiere llevar al lector de hoy. Este culmen lo constituyen las dos afirmaciones: “Tú tienes palabra de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios” (6, 68b-69).
El texto de hoy (Jn 6, 41-51) desarrolla la cuarta pregunta: ¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora, he bajado del cielo? (6, 42). A partir de del v. 41 inicia la polémica que el escritor recoge en tres murmuraciones. La última de las cuales es explícitamente de los discípulos (v.60).
Las primeras dos murmuraciones corresponden a la polémica con los judíos, como indica la expresión “los judíos murmuraban de él” (v. 41). Jesús les responde con argumentos bíblicos tales como: “nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae” (v. 44); “el que cree en mí tiene vida eterna” (v. 47); “Yo soy el pan de la vida, que ha bajado del cielo” (v. 51). Ante dichos argumentos sus oyentes solo tienen las alternativas de aceptar o rechazar.
El texto puede estructurase en dos partes: 1) los judíos objetan a Jesús (vv.41-42). Estos murmuraban. Esta reacción tiene trasfondo veterotestamentario, recuerda la tradición del maná (Ex 16, 2.7-9.12). Los judíos están empeñados en cuestionar (murmurar) la
1 Debido a la riqueza bíblica del texto, se profundiza en la anotación al texto. 1revelación que Jesús ha hecho, al afirmar “yo soy el pan”. Ellos conocen el origen humano de Jesús, pero no aceptan que en las acciones de Jesús está Dios. Juan no está explicando el origen humano de Jesús, sino describir la actitud adecuada para recibirlo como pan bajado de Dios.
2) Los vv. 43-51 presentan la revelación acerca de quién es Jesús. Esto lo hace en dos tiempos. El primero son los vv. 43-47. El v. 43 presenta la llamada de Jesús a no murmurar. Él pide a los judíos que abandonen tal empecinamiento. Les proponen que vayan a él y elijan el camino de la fe, el que está ligado a la apertura a Dios y a la recta interpretación de la Escritura.
En este sentido, el v. 44 expone la primera condición de este camino: reconocer en la persona de Jesús al enviado de Dios, no está al alcance del ser humano. Sólo la iniciativa del Dios de Jesús puede abrirlo a la fe. La fe no está en poder del ser humano, sigue siendo un don, gracia. Que la fe sea un don lo apoya la Escritura. La segunda condición es ponerse a su escucha (v.45). La escucha de la Palabra de los profetas determina el presente del oyente actual (Is 54, 13).


La palabra de Dios y la fe en Jesús se han hecho una única y misma cosa. El v. 46 explica la paradoja que nadie puede ir al Hijo sin haber sido instruido por el Padre; pero nadie puede ponerse a la escucha del Padre sin ser instruido por Jesús mismo. La revelación un conocimiento inmediato de Dios por el ser humano es imposible, sólo Jesús, con origen en Dios, puede ser su mediador. El conocimiento de Dios y conocimiento de Jesús son una misma cosa. El problema no es la legitimidad de Jesús, sino la ausencia de fe de sus interlocutores. El v. 47 explicita esta argumentación, al afirmar que el que cree tiene vida eterna ahora.
Y, por último, los vv. 48-51 corresponden al segundo momento de la segunda parte. Estos profundizan que Jesús es el don, el Pan, el que baja del cielo, el que se nos da en comida. El v. 48 retoma la tesis del v. 35: “Yo soy el pan de vida”. Tal declaración de revelación está en contraste con la historia del maná que expone el v.49. Los padres comieron y murieron. Ello provoca una nueva declaración cristológica. El que coma a Jesús, pan vivo, bajado del cielo, no morirá, sino vivirá para siempre, aunque muera físicamente. Jesús no es solo el pan de vida sino el pan, el que está vivo. El pan que da la vida se convierte en el pan vivo.
En resumen. La idea central del texto es que los oyentes (los judíos) no entienden que “Pan” es igual a Jesús (Palabra de Dios). Él es el don y donante. El pan siempre será obra de Dios. Ello se hace mediante la fe en Jesús. La escucha de Jesús se convierte en invitación a comerle, “comer su Palabra”. Comerle se convierte para sus oyentes/nosotros en vida eterna.
La expresión “el pan de la vida” (v. 48) indica primordialmente “Palabra que hay que acoger (creer) y encarnar (comer)”. Su auténtico sentido es “Pan de la vida es igual Palabra de Dios hecha amor en el ser humano”. El texto coloca al creyente frente a la persona de Jesús y de la totalidad de su obra en el mundo.

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