Vigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario

Cometario por Padre Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Jn 6, 60-69.

El texto plantea la reacción de los discípulos y de los “Doce” ante el discurso de Jesús en la sinagoga en Cafarnaúm (Jn 6). Este puede dividirse en dos escenas:

La primera (vv. 60-66) describe a “muchos de sus discípulos” presa de la duda (“¿quién puede escucharlo?”) y la negación (“murmuraban”). El v.60a presenta la reacción de los discípulos, “es duro este lenguaje”. Esta frase, por una parte, refiere al discurso precedente, en particular, a la afirmación “Jesús es el pan de vida bajado del cielo” (vv. 41-42); y, por otra, manifiesta la intolerancia de los discípulos a la pretensión de Jesús de auto referirse como el pan de vida bajado de cielo. La pregunta, “¿quién puede escucharlo?”, refuerza esta opinión y subraya, por parte de los discípulos, la imposibilidad de admitir tal aseveración de Jesús.

El v. 61a demuestra que Jesús conoce, totalmente, el estado de ánimo de sus discípulos, a pesar de que ellos no han ido directamente a él. Jesús sabe la murmuración en la que han incurrido sus discípulos, quienes se han equiparado con los judíos. Ambos han mostrado murmura ante las declaraciones de Jesús, indicando incredulidad.

Los vv. 61b-62 ostentan la doble pregunta de Jesús dirigida a sus discípulos. La primera, “¿esto los escandaliza?”, identifica el escándalo al que ellos han sucumbido. Ellos no aceptan la pretensión de Jesús, porque conocen su ambiente familiar. El escándalo de la encarnación de Dios no puede darse en dicho entorno. Jesús, por ello, radicaliza la no aceptación de los discípulos con la segunda pregunta, “¿y cuando vean al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?”. Esta cuestionante expone que ellos mucho menos entenderán al Crucificado. Estos son presa de incomprensión y de duda.

Tal cuestión es retomada en el v. 63, que precisa la oposición entre espíritu y carne. El texto deja evidenciado que sólo el Espíritu, o sea la acción de Dios mismo, puede suscitar una comprensión adecuada de Jesús. Por tanto, sólo el que se abre a la acción del Espíritu puede discernir en la persona de Jesús la presencia real e inesperada de Dios. El discípulo, en lugar de juzgar según la carne, debe recibir las palabras de Jesús, puesto que son espíritu y vida.

Los vv. 64-66 abordan la incredulidad en los discípulos. En el v.64, Jesús conoce quién es el que no cree y quién es el que lo traiciona. De modo que incredulidad es no creer las palabras de Jesús y traicionarle. La incredulidad y la traición a Jesús, no es cosa solo de sus adversarios, sino que es una tentación permanente en el discípulo.

El v. 65 aclara que la fe es ir hacia y detrás de Jesús, esta es un don de Dios. Si la incredulidad es la expresión de la voluntad humana ante el ofrecimiento de Jesús, la fe es el don que Dios ofrece permanentemente a tal voluntad. La libertad de creer es un don que Dios ha realizado en la vida de Jesús. Este don precede y lleva a plenitud toda voluntad humana.
El v. 66 cierra la primera parte, profundiza la alternativa humana de la fe e incredulidad, y expone una afirmación del narrador, en el que está involucrado el lector actual: “muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”. El lector actual está implicado porque el texto no dice quiénes son estos “muchos de sus discípulos”, por tanto, también es este lector, y es posible, que se haya escandalizado y ya no vaya más detrás del Crucificado, dado que la cruz que implica ser pan, le ha hecho retroceder.

La segunda escena (vv. 67-69) describe la posibilidad contraria: para un pequeño grupo, “los Doce”, es posible encontrar en las palabras de Jesús, vida eterna. El v. 67 presenta la pregunta: “¿también ustedes quieren marcharse?”. Esta hace referencia al v.66, que evocaba el abandono de los discípulos a Jesús. La pregunta de Jesús alude a la fe de sus íntimos y tiene una función retórica, puesto que tal como está formulada se espera una respuesta negativa por parte de sus amigos. Por tanto, tal cuestión es acicate para sus conciencias.

Los vv. 68-69 constituyen la respuesta de los “Doce”, en boca de Pedro. En el v. 68, Pedro, sirviéndose del mismo verbo, “andar, ir de tras”, usado en el v.66, subvierte su sentido e indica que alejarse de Jesús es camino hacia la muerte. La razón de Pedro es que sólo él tiene palabras de vida eterna. Él ha reconocido que Jesús es el pan que da la vida en plenitud. El ser humano, representado en Pedro, debe seguir únicamente al que da la vida y a Aquel que da su vida para ser pan para otros.

Para finalizar, en el v.69, Pedro extrae la consecuencia de lo que ha dicho. Esta es creer en Jesús y saber quién es él. La expresión “tú eres el Santo de Dios” es ambigua, porque Jesús no le ha hablado de esto, sino de ser pan, de dar vida, en otras palabras, les ha hablado de su crucifixión. Por tanto, Pedro sigue sin entender, quién es Jesús. Ello constituye uno de los dramas más grandes en el evangelio de Juan y desafío para el lector de hoy.

Las palabras de Mons. Romero pueden ayudar a profundizar el sentido actual del texto:

“Hay momentos en que la tempestad de la historia se agiganta y crea confusión y angustia, desaliento, pesimismo. Hasta algún pastor, que debía de ser signo de tranquilidad, de seguridad y de orientación, se muestra también desorientado, como si le fallara la fe. Hay violencia, hay desorden y hay vicio también. Y hay la honradez de los que se creen buenos porque no hacen ningún mal, olvidándose que ser bueno no es algo negativo, sino hacer todo el bien que se puede hacer. En fin, hay, en nuestro ambiente, un ambiente de tempestad, de confusión. Se oye, a veces: “¡Ya no hay salvación!”. “¡Este es un callejón sin salida!”. Hermanos, ante ese pesimismo y desorientación, gracias a Dios que los cristianos contamos con una voz… “Él tiene palabras de vida eterna”, nos dice el Evangelio de hoy. Es una voz de calma y de luz. Es como cuando uno sabe que, más allá de las nubes del temporal, hay un cielo claro donde el sol brilla y que ha de pasar el temporal y las nubes pasarán y brillará ese cielo y ese sol. Tengamos fe”

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