Segundo Domingo de Adviento

Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Lc 3, 1-6
El texto se divide en dos partes: la primera es un sincronismo histórico relacionado con la aparición de Juan hijo de Zacarías (vv.1-2). Lucas introduce a Juan indicando el momento histórico de su actividad, como hicieron los editores de los libros proféticos: Isaías (Is 1, 1); Jeremías (Jr 1, 2); y, Ezequiel (Ez 1, 1). Juan no será menos, sino mucho más. Lucas lo relaciona con el emperador romano (Tiberio), el prefecto de Judea (Poncio Pilato), los tetrarcas (Herodes Antipas, Felipe y Lisanio) y sumos sacerdotes (Anás, depuesto, y Caifás, uno de sus sucesores). ¿No resulta excesiva tanta referencia para dar una fecha?
Lucas no solo quiere decir cuándo comienza esta historia, sino también enlazarla, sincronizarla con la historia universal. De este modo, consigue dos cosas: señalar en qué momento acaba el Antiguo Testamento (el encarcelamiento de Juan en Lc 3, 20, el último de los profetas) y presentar los destinatarios y el contexto de la misión universal de Jesús: el imperio romano, el centro del judaísmo y cualquier otro lugar de la tierra.
En este contexto, tan internacional y humano, ocurre lo más importante: la palabra del Señor se dirige a Juan. Literalmente: “vino a Juan” (êgéneto rêma Zeoû êpí Îovanné), muy similar a lo que se dice de Jeremías: “la palabra de Dios que vino a Jeremías” (Jr 1, 2). Pero con una gran diferencia. Dios habla a Jeremías, le encarga una misión, rechaza sus objeciones y le asegura su asistencia. A Juan nada le dice. Lucas da por supuesto que Juan es profeta desde el vientre de su madre; no es preciso contar su vocación. Basta indicarle cuándo debe comenzar a actuar. Empalmando con lo que dijo en 1, 80, esta experiencia tiene lugar “en el desierto”, referencia que prepara también la cita de Isaías a propósito de la voz que grita “en el desierto”.
La segunda parte presenta la actividad y el contenido de la predicación de Juan el Bautista (vv. 3-6). Marcos situaba a Juan “en el desierto”, Lucas lo hace “en toda la cuenca del Jordán”, desde el lago de Galilea hasta el mar Muerto. El autor del cuarto evangelio es más concreto: “Juan bautizaba en Ainón, cerca de Salín, donde había agua abundante” (Jn 3, 23). Lucas sugiere una actividad itinerante, a lo largo de la cuenca del río. Lo sorprendente es que Juan, hijo de un sacerdote, prefiera actuar en el desierto, no en la ciudad santa ni en el templo. Este retiro al desierto es en desacuerdo con los sacerdotes de Jerusalén, en función de preparar el camino del Señor.
Juan, igual que los antiguos profetas, invita a la conversión, que tienen dos aspectos: uno que consiste en volver a Dios, reconociendo que lo hemos abandonado, y otro, está en el cambio de forma de vida.
A diferencia de los profetas del pasado, Juan no se limitar a hablar, exigiendo la conversión. Realiza un bautismo que expresa el perdón de los pecados. Se cumple así la promesa del profeta Ezequiel: “Derramaré sobre ustedes un agua pura que les purificará de todas sus inmundicias e idolatrías le he de purificar” (Ez 36, 25). Esta práctica bautismal no comienza con Juan ni es exclusivamente suya1.
1 “Lo más aceptado es que el bautismo predicado por Juan fuera una de las derivaciones de un movimiento 1Lucas suprime las palabras de Malaquías que Mc 1, 2-3 atribuye erróneamente a Isaías (Ml 3, 1). En cambio, amplía la cita de Isías (Is 3, 5-6). Ello con la finalidad de terminar con las palabras “verá todo mortal la salvación de Dios”. Esta “salvación de Dios” no es ya el mismo Dios, sino Jesús; Simeón ya ha vista (Lc 2, 30), ahora “verá todo mortal”, no solo los israelitas, sino los hombres de cualquier raza y nación. Con ello subraya un dato anticipado por Simeón: que Jesús será “luz para iluminar a las naciones”.
Juan actualiza el mensaje del profeta Isaías, primero con dos imperativos: “preparen el camino del Señor” y “enderecen sus caminos” (v.4); y, segundo, con cinco deseos de Dios, expresados en futuro: “todo barranco será rellenado”, “todo monte y colina será rebajado”, “lo tortuoso se hará recto”, “las asperezas serán caminos llanos”, y, “todos verán la salvación de Dios” (vv. 5-6). El texto tiene dos finalidades: una, hacer ver a sus oyentes que la figura de Juan está en función de la llegada y de la presentación de Jesús. Y la segunda, es afirmar que la venida de la palabra de Dios a Juan es una llamada, a las autoridades mencionadas y al pueblo en general, a cambiar su conducta política.
El texto, en su sentido original, sostiene que la palabra de Dios, venida a Juan, no está al servicio de los mandatarios mencionados, sino al servicio del proyecto de Dios (“el camino de Señor”) que está en el desierto. Tal parece, el ejercicio del poder de estas autoridades está torcido, por tanto, debe ser enderezado conforme a la palabra de Dios.

  • Mons. Romero dijo: “La Iglesia tiene que mantenerse sin identificación con los proyectos históricos de los hombres, aunque tiene que iluminarlos, todos los proyectos. Pero la liberación que la Iglesia predica tiene que ser desde la perspectiva de la liberación de Dios, nuestro Señor…Dios viene a salvarnos con la colaboración de nosotros los seres humanos”2.
    “bautista” que floreció en el judaísmo palestinense entre los años 150 a. C y 250 d. C. Durante todo ese período fueron surgiendo diversos grupos, tanto judíos como cristianos, que practicaban ciertas formas de ablución ritual. Dentro de la diversidad de ritos y de la consiguiente diferenciación de significados, podemos identificar como muestras de ese movimiento las purificaciones rituales de la comunidad esenia, el bautismo de Juan y de sus discípulos (Hch 18, 25; 19, 1; Jn 3, 23-25), el del propio Jesús y de sus seguidores (Jn 3, 22;
    4, 2)”. Cfr. FITZMYER, J. Evangelio según Lucas, II, 313. Madrid 1987. 2 Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 9 de diciembre de 1979, tomo VI, San Salvador 2009, 26. 28.

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