Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Pbro. Manuel Acosta


Anotaciones al texto de Lc 1, 26-38

El texto representa el anuncio de la concepción de Jesús en María y la respuesta de ella. La narración tiene como trasfondo a Gn 18, 9-15 y se divide así: a) ubicación temporal-espacial y presentación de los personajes del texto (vv. 26-27); b) diálogo entre el ángel Gabriel y María (vv. 28-37); y, c) respuesta de María: “Hágase” (v. 38).

El texto inicia ubicando el tiempo (“seis meses”), el lugar (“una ciudad de Galilea llamada Nazaret”), y, los personajes (“ángel Gabriel y una virgen desposada con José llamada María”). La segunda parte contiene los siguientes elementos. De parte del ángel Gabriel son importantes los imperativos que dirige a María: “Alégrate” y “no temas”; la promesa: “Concebirás y darás a luz un hijo, le pondrán por nombre Jesús, será grande, se llamará Hijo del Altísimo e Hijo de Dios, el Señor le dará el trono de David y reinará”; y, el fundamento de esta promesa: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el embarazo de Isabel a pesar de su ancianidad”. De parte de María es de notar su turbación, sus preguntas sobre el significado del saludo y sobre cómo quedará embarazada. Y, por último, la respuesta de María que constituye el culmen del texto: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”. Una vez expuesta la trama narrativa del texto, se procede a interpretar algunos elementos del texto

Los vv. 26-27 presentan los personajes. La expresión “al sexto mes” tiene como intención vincular el texto al relato anterior (Lc 1, 5-25), Jesús nacerá después de Juan y así será su ministerio. Lo mismo el nombre del ángel es otro recurso para enlazar con el relato precedente (1, 19). El domicilio de la virgen es “Galilea-Nazaret”. Ello tiene sentido teológico. El origen, gentil, de Jesús y de su ministerio, frente a Judea que será el lugar de su muerte.

La expresión “joven virgen”, “desposada” es la preocupación del relato tradicional que piensa en la virginidad antes que la concepción. La virginidad no tenía ninguna importancia en el judaísmo oficial, pero sí lo tenía en algunos movimientos reformadores judeo-helenistas. La comunidad judía, lucana, vio en la lectura de los LXX de Is 7, 14, a una virgen como madre del Mesías sufriente. El vocablo “joven virgen” indica que ella estaba bajo el dominio paterno y jurídicamente prometida a José. Este último tiene como finalidad vincular a Jesús al pueblo judío mediante la casa de David. “María” era el nombre femenino generalizado en el judaísmo siro-palestinense del s. I. Y con ello se indica que María es nombre común de la gente y por tanto “mujer de pueblo”.

Los vv. 28-37 describen el diálogo entre el ángel y María. Las expresiones “alégrate” (jáire), “tú que has recibido gracia” (kejaritomene) es un juego de palabras que expresan, por una parte, el saludo como anhelo de salvación, y por otro, evoca el favor concedido por Dios. La visita es ya un acto de gracia. “El Señor está contigo” actualiza la acción gratuita e incondicional de Dios con su pueblo. Cuando Dios está “con” Israel o con un elegido, no le concede simplemente su protección, sino que lo llama a una tarea.

La virgen queda turbada por el contenido del mensaje y no por el saludo, puesto que el comprendido de este tiene que ver con la acción de Dios. “Encontrar gracia delante de Dios” es un semitismo en los LXX que expresa la elección concedida por Dios en su gracia, no es la respuesta a una búsqueda humana. La frase “y he aquí” es la señal de que los acontecimientos de Dios son actuales. Por ello la concepción, el nacimiento y el nombre son el resultado palpable de la acción de Dios. El nombre “Jesús” era el más común entre los judíos del s. I. Este sonaba familiar, era nombre común, pero principalmente designaba la acción gratuita de Dios por liberar a Dios pueblo de cualquier esclavitud. Así, Jesús es nombre de común de pueblo y de la acción salvadora de Dios en la historia.

“Hijo del Altísimo”, “señor Dios”, “reinará” y “reino” tenían trasfondo bíblico en los LXX, puesto que designaban acciones históricas de Dios. Asimismo, estas expresiones en el contexto de la comunidad lucana tenían polémica con el imperio, ya que estos eran designaciones sacralizadas para referirse al emperador romano. De este modo el texto deja en evidencia que desde el punto vista bíblico no hay otro hijo, señor, y rey más que Jesús. Lucas, también, con estas expresiones anuncia su cristología. Jesús es hijo, es judío de la casa de David, es rey desde la sencillez, como indica su nombre, y tiene una encomienda: realizar el reino de Dios con su vida de hijo. Su reino es la criba para cualquier otro reino que se quiera divinizar. Por ello no tendrá fin.

¿Cómo sabré esto? es la expresión de la fe que interroga y es búsqueda permanente de concreción histórica. María muestra la interiorización de la ética y de la fe. La expresión “no conozco varón” forma parte de la pregunta e indica que María está en búsqueda cómo concretar el contenido del mensaje. La mayor parte de la reflexión tanto patrística, medieval, como algunos grupos involucionistas actuales defienden a toda costa que la pregunta de María tiene que ver con voto de castidad o con aspectos propiamente sexuales. María, según el texto, no está pensando en ello, sino en cómo hacer realidad lo que Dios le ha anunciado y ello pasa por una pregunta tan natural como es su condición de muchacha de dominio y prometida.

Por ello tiene sentido el v. 35, que interpreta el mesianismo de Jesús, del cual María es intérprete. El Mesías no será un monarca nacionalista sino fruto del Espíritu Santo y del poder del Altísimo. Una manera de decir que es fruto de la acción inesperada de Dios. Jesús es hijo de María que aprendió a ser Hijo de Dios.

“He ahí tu pariente Isabel” es la expresión que evidencia el signo del mensaje y relaciona las dos tradiciones: Juan bautista y Jesús. El ángel no puede finalizar sino cita a Gn 18, 14: “Para Dios no hay nada imposible”. Una frase que representa la soberanía misericordiosa de Dios que supera la vulnerabilidad humana. Su “Palabra” (Hch 10, 37) designa acontecimiento prometido y cumplido, más que una simple palabra.

“María dijo”. Ante esta Palabra responde con un “he aquí”. Dicha respuesta es ponerse al servicio de Dios. No hace más que obedecer, como Jesús, dar testimonio de su adhesión al contenido del mensaje. Asimismo, su respuesta se sitúa en la historia (“aquí la esclava”) y no es una ontología especulativa (“yo soy la esclava”). Siguiendo a Jesús (Lc 22, 42), María realiza el cumplimiento de la voluntad de Dios, de una historia de Dios que no se limita a la Escritura, sino que se inscribe en la vida misma del pueblo. Se ha entregado el mensaje, su destinatario lo ha recibido y aceptado; el ángel se puede ir. Ahora su realización está en la disposición del lector actual

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