Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Lc 3, 10-18

En el evangelio de san Lucas, en el capitulo 3 contiene el relato histórico teológico del ministerio de Juan el Bautista. La labor del evangelista fue ordenar una serie de relatos sobre Juan, que estaban en la memoria oral de las comunidades de origen judeocristiano y los leyó a la luz de las Escrituras (LXX), teniendo en cuenta las coordenadas históricas del nacimiento de Jesús. Para entender este relato se debe contextualizar literariamente el texto. Este contexto es Lc 3, 1-20, que contiene las siguientes unidades:
1º. Sincronismo histórico de Juan: “Voz que clama en el desierto” (Lc 3, 1-6) 2º. Contenido de su predicación: “hacer, pues, frutos dignos de conversión” (Lc 3, 7-9) 3º. Efecto de su predicación: diálogo con tres grupos sociales (Lc 3, 10-14) 4º. Situación del pueblo, identidad de Juan y anuncio del que viene (Lc 3, 15-18) 5º. Encarcelamiento de Juan por Herodes (Lc 3, 19-20).
El texto de hoy constituye la tercera y cuarta unidad. Los vv. 10-14 son el resultado de la predicación del Bautista (vv. 7-9), que recordó lo que denunciaba Jeremías en los habitantes de Jerusalén: ante la terrible amenaza de la invasión babilónica pretendían salvarse repitiendo “¡El templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor!”. Eso no sirve de nada, les dijo el profeta. Lo que hace falta es enmendar la conducta, juzgar rectamente los pleitos, no explotar al emigrante, al huérfano y a la viuda, no derramar sangre inocente (Jr 7, 1-15). En el caso de Juan, la gente pretendía salvarse recurriendo a Abrahán, pero tampoco eso servirá de nada. Hay que dar buenos frutos. En caso contrario, el hacha está dispuesta para cortar al árbol malo y arrojarlo al fuego.
Esta predicación movió las conciencias del auditorio. Sin embargo, había que concretar lo que Dios quería para el pueblo. Lucas especificará algunos de esos frutos mediante preguntas de la gente, de los recaudadores de impuestos y de los soldados, quienes después de haber escuchado a Juan preguntaron sobre su comportamiento ético-social. La pregunta que jalonea la unidad es “¿Qué debemos hacer?”
Juan responde a la gente de manera sugerente, mediante la fórmula “el que tenga… que haga…”. La respuesta es exigente, dirigida a todos: compartir el vestido y la comida. Recuerda a Isaías: “partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne” (Is 58,7).
El Bautista actualiza las palabras de Isaías y en su contexto original llama a la gente que no dependan de nadie, que no esperen en patrones que les dan migajas sólo para comprarles sus conciencias, sino que lo poco que tengan en vestido y en comida lo compartan con el que no tiene; eso les dará dignidad y libertad. Esto se lo que llamaríamos solidaridad recíproca entre pobres y con dignidad.
Mientras a los cobradores de impuesto y los soldados, pilares del imperio romano, contesta enfática y prohibitivamente. A los responsables del sistema tributario romano (vv. 12-13), les prohíbe tajantemente que “no exijan más de lo que les está fijado”; y, a los soldados
1romanos que “no hagan extorsión…denuncias falsas… y conténtense con su paga militar” (v.14).
Las tres expresiones del v. 14b se refieren a un solo y único peligro: el abuso de llevar armas para obtener dinero. Por tanto, no se trata de la situación en tiempos de guerra, ya que no se habla del pillaje ni de la sangre, sino de la de tiempos de paz, de la del imperio romano en la época de Lucas. Tanto para los publicanos (recaudadores) como los soldados, Lucas se interesa por una ética de la justa adquisición de los bienes y del buen uso del dinero y del poder.
Se debe notar que, los verbos tanto de la pregunta como de las respuestas del Bautista están conjugados en presente. Ello es indicativo de la actualidad que tiene este mensaje para la comunidad del texto y los oyentes actuales. La comunidad del texto exhorta a los funcionarios públicos a no aprovecharse de sus puestos en el gobierno ni de las necesidades de la gente, a ser correctos en su ética política y a rechazar cualquier falsedad ideológica y material.
Los vv. 15-18 presentan el sentimiento de la gente y un sumario. Aunque resulte extraño, la denuncia hecha y las advertencias prácticas no crearon malestar en la gente. Estos oyentes quedan entusiasmados: “estaba expectante y andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan” (v.15). Ello conduce al profeta a aclarar su misión en función del que ha de venir. Por una parte, Juan, de cara a Jesús, se define indigno, ya que no puede cumplir ni siquiera el servicio de un esclavo; y, por otra, aclara que su bautismo es de agua y que el de Jesús es en Espíritu Santo y fuego. El primero es lavar y purificar, no es suficiente, y el segundo actualiza a Ez 36, 27 e indica asumir la misión de Jesús en el Espíritu de él. Tal misión, quien la desarrolle como tal, será fuego, es decir, testimonio viviente de Jesús. De este modo, Lucas reafirma que Juan no se anuncia a sí mismo, sino al que es más grande que él; aunque según Jesús el mayor que Juan es el más pequeño en el reino de los cielos (Mt 11, 11).
El sumario del v. 18 resume la actividad de Juan, fijándose en su predicación y sin mencionar el bautismo. Aparecen dos verbos importantes en Lucas: “consolando” (parakalô) y “evangelizando” (euengelîzeto). El primero se traduce generalmente “exhortando”, pero este verbo recoge el comienzo de Is 40: “Consuelen, consuelen a mi pueblo” (parakaleîte parakaleîte). Este consuelo se compagina con “anunciar la buena noticia”, “evangelizar”. Las palabras de Juan pueden parecer duras, pero ante tanta injusticia implican consuelo y alegría para quien está dispuesto a dar frutos de conversión.
Mons. Romero dijo: “Este domingo toma un nombre: gaudete (alegraos). Es una liturgia de alegría y de esperanza…La alegría es la que estamos celebrando por la venida de Dios a la historia. Alegría de haber sido los confidentes del Señor, que nos hace conocer su proyecto de salvación para todos los hombres; y nos hace a nosotros, objeto y sujeto de ese proyecto, por nosotros los hombres; y nos llama a nosotros, los hombres, a colaborar con Él en la salvación del mundo”1.
1 Cfr. Óscar Romero. Homilías, 16 de diciembre de 1979, tomo VI, San Salvador 2005, 51-52 2

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