
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 1, 39-45.
El contexto del relato lo constituye Lc 1, 39-56. Esta unidad se divide en dos partes y una conclusión: la primera (1, 39-45), encuentro de María con Isabel en el que la anciana reconoce a María como “la madre de mi Señor”; la segunda (1, 46-55), reacción de María ante la alabanza de Isabel y ante la maravillosa actuación de Dios en ella: cántico del Magníficat; y, la conclusión (v.56), que retoma y recapitula el v.39, así indica que María salió con prontitud en busca de Isabel para permanecer tres meses con ella. Toda la unidad es un estallido de alabanzas: Isabel alaba a María y María proclama la grandeza de Dios.
Lc 1, 39-45 enlaza la tradición de Juan Bautista con la de Jesús. Lucas ha preparado ya esta escena en el relato anterior (Lc 1, 36-38), donde la gestación de Isabel se le da como signo a María. La visita de Isabel es muy importante para Lucas; de ahí su fuerza provocadora. Este reconocimiento mutuo de su maternidad confiere a cada una de las dos mujeres una dignidad mayor. María es la que visita a Isabel, lo cual hace recaer la atención sobre la madre del Bautista. Pero con el movimiento de Juan en el seno de Isabel, la atención vuelve a dirigirse hacia María. Jesús está en el centro de la escena, en la que Isabel hace de María y de Jesús el objeto de su alabanza, mientras que el cántico de María no dice una sola palabra de Isabel o de Juan. El Antiguo Testamento no contiene ningún paradigma definido del género del encuentro, a pesar de que narra alguna visita (Gn 14, 17-24).
El relato puede estructurarse en tres unidades. a) Los vv. 39-40 describen a María poniéndose en camino a las montañas de Judá. Lucas para decir que se “puso en camino” emplea el vocablo “anastás”. Este designa la preparación o el comienzo de una acción. Y el vocablo “de prisa” (metà spoudés) subraya de un modo narrativo la obediencia de María, así como la armonía entre su “hágase” y la llamada de Dios. Lucas se apresura tanto como María y no pierde tiempo en describir que el “hágase” es ponerse en camino. Esta es una peculiaridad de los personajes bíblicos, quienes al escuchar la llamada se ponen en marcha, hacia el objetivo que Dios les ha indicado. En este caso, dicho objetivo es “una región montañosa, a una ciudad de Judá”. María al igual que Moisés sube a la montaña. Ella es profeta como Moisés.
María entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. El objetivo es Isabel. El saludo tiene signo de amor y en comienzo de una vida nueva. El vocablo “saludó” (“espásato”), designa realizar el bien al otro. En este caso, no se refiere a las palabras de María, sino del bien que María realizó con Isabel. A ello se debe la reacción de Isabel.
b) El v. 41 sostiene que Isabel escuchó el saludo, es decir, María le hizo el bien. Ello provocó que el niño saltara de gozo en el vientre de Isabel. Este salto adquiere un valor de signo. Lucas se sirve del lenguaje corporal del niño en el vientre para indicar que Juan es el profeta, el precursor. A continuación, Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Esta es una propiedad de los profetas bíblicos. La frase indica que lo que Isabel dirá a continuación viene de Dios.
c) Los vv. 42-45 presentan el cántico de Isabel. Este tiene una aclamación profética (v. 42); una pregunta y un razonamiento (vv. 43-44); y, una bienaventuranza (v.45). La aclamación
1presenta a Isabel en calidad de profetisa, y contiene dos proposiciones nominales y expresan un hecho, no un deseo. La primera proposición es que María es la más bendita de todas las mujeres; y, la segunda es una proposición dedicada únicamente a Dios. Él es Bendito. Lucas desea presentar ambos hechos como un todo.
El Señor bendice aquí a unos seres nuevos, olvidados hasta ahora, marginados en Israel y extraños al sacerdocio judío. Según la concepción judía antigua, es el hijo el que confiere su dignidad a una mujer: la bendición por tanto tiene su fuente y su finalidad en el fruto de María. Así pues, hay una simetría entre “bendita” y “Bendito”. La bendición divina es ante todo palabra (“decir bien”, “conceder un honor”), pero en cuanto palabra de Dios es también misericordia (Lc 1, 25). La bendición acompaña a los que han recibido una misión de Dios, pero no excluye las tribulaciones (Lc 2, 35). De este modo el evangelio de Lucas se abre con la bendición concedida a María y a Jesús y se cierra con la de los discípulos, pronunciada por el Resucitado (Lc 24, 50).
La pregunta y el razonamiento (vv. 43-44). En esta Isabel deja de ser profetisa y pasa a ser mujer asombrada, que no comprende bien lo que está pasando. Sin embargo, Isabel confirma que Dios la ha visitado, y su visita le ha devuelto la dignidad atropellada (Lc 1,25). La bienaventuranza (v. 45), por una parte, confirma la respuesta de María en el v.38, y por otra, que lo que ha dicho el Señor, respecto a Jesús, se cumplirá. Ello es cierto en la trama narrativa del Lucas. Pero, la comunidad lucana miraba, en este “se cumplirá”, la responsabilidad histórica del lector actual.
El texto invita a colocar la atención en el acontecimiento histórico del nacimiento de Jesús. Modelo de ello son María que salió con prontitud a las montañas de Judá e Isabel quien en un acto de fe reconoció los personajes que la visitaban: “la madre de mi Señor” y el fruto de su vientre: “Jesús” (Lc 1, 31). El viaje de María fue un gesto concreto de obediencia, interiorización y desinstalación a la Palabra de Dios manifestada en Lc 1, 36. María lo realizó sin tardar “con prontitud” (1, 39). El ponerse en camino constituye el gesto de desinstalación y a su vez es la ocasión apropiada para que María interiorice lo que le ha dicho el Señor.
No se sabe el contenido del saludo de María, pero sí ella le hizo el bien a Isabel. Este bien es evidente en sus efectos: el niño (Juan) saltó de alegría en su seno y ella (Isabel) quedó llena del Espíritu Santo. La obra de Dios se conoce en el bien que se hace a las personas. El Mesías Jesús es portador de alegría para los pobres, es expresión de la vida plena que proviene de Dios. De esta manera el texto anticipa la fiesta de la vida (Navidad) que trae el evangelio de aquel que trae alegría para todo el pueblo (Lc 2, 10). El otro efecto del saludo de María es el cántico confesional de Isabel. Un cántico que es propio de aquellos que entienden la presencia silenciosa y humilde de Dios en la historia. Cristo nace inesperadamente. Isabel creyó que, en aquella mujer sencilla, embarazada, se gestaba la presencia de Dios. Creyó que se cumplirá lo dicho por el Señor.
