Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Jn 16, 12-15

El texto forma parte de la unidad literaria de Jn 16, 4b-15. En esta Jesús instruye a sus discípulos sobre su partida, el envío del Espíritu de la verdad (el Paráclito) y su vinculación con el Padre.

El relato comprende cinco elementos: a) el v. 12 es una introducción que describe la difícil situación de los discípulos con ocasión de la despedida de Jesús. La afirmación sobre el Paráclito es sobre su papel fecundo en la comunidad. Se distinguen dos períodos: el “ahora”, en el que Cristo toma la palabra, y el futuro pospascual marcado por la enseñanza del Paráclito. Lo que se debate es el futuro de los discípulos. El verbo “soportar” designa el hecho de sobrellevar una prueba. Los discípulos no están en condiciones “ahora” de aguantar, es decir, de captar adecuadamente, lo que Cristo tendría que decirles en lo que respecta a su futuro. Solo el acontecimiento pascual y la venida del Paráclito permitirán una comprensión consumada de la revelación. Por tanto, la expresión “muchas cosas” no tiene un sentido cuantitativo, sino cualitativo: el acontecimiento pascual y la venida del Espíritu suscitarán una profundización de la comprensión.

b) El v. 13a formula la afirmación central sobre el Paráclito, calificándolo como “el Espíritu de la verdad”. Es cierto que tal calificativo quiere subrayar la credibilidad del Paráclito, pero establece ante todo un vínculo de continuidad entre el Cristo joánico, que se presenta como siendo la verdad (Jn 14, 6) y el Paráclito. Al definir al Paráclito como el “Espíritu de la verdad”, se subraya su papel de comunicador: es aquel cuya función consiste en proporcionar la revelación de la realidad de Dios, continuando así la misión de Jesús.

La tarea atribuida explícitamente al Paráclito, guiar a los creyentes en la verdad, confirma esta interpretación. El verbo “guiar” está en futuro y designa el papel docente del Paráclito. La combinación del verbo “guiar” con “toda la verdad” hace eco de Jn 14, 6 (que asociaba las nociones de camino y de verdad): la enseñanza del Paráclito no consiste en revelación de nuevos contenidos, sino en la apropiación y la profundización de la revelación cristológica, que es verdad. No se trata de un aspecto particular de la revelación, sino de su totalidad. La misión del Paráclito es asegurar el porvenir de la revelación actualizándola una y otra vez.

c) El v. 13b aclara esta misión dando una primera explicación. El Paráclito no producirá un testimonio independiente, sino que restituirá lo que él mismo haya recibido. Esta regla no contempla la menor excepción. El papel que se adjudica aquí el Paráclito se formula con la terminología del envío, lo cual sitúa al Paráclito en continuidad con el Jesús terreno: también él dice lo que ha oído junto al Padre. Los verbos “hablar” y “oír” indican con claridad que la actividad del Paráclito se sitúa en el nivel de la palabra.

Y prosigue la aclaración: el Paráclito guiará a los discípulos en toda la verdad, porque “les comunicará las cosas por venir”. El verbo “comunicar” posee una fuerte connotación profética: la misión del Paráclito no es solo explicar lo conocido, sino que tiene un alcance auténticamente revelador. La expresión “las cosas por venir” indica que el Paráclito actualizará en los creyentes el sentido de la Pasión y de la Pascua en las distintas circunstancias históricas de la comunidad. La misión profética del Paráclito consiste en anunciar a Cristo, desvelar cómo el ausente se mantiene en el umbral del presente y cómo habita el futuro. En este sentido, el Paráclito guía a los creyentes en toda la verdad: Jesús Crucificado-Exaltado.

d) El v. 14 procede a una segunda clarificación, precisando el vínculo que existe entre el Paráclito y Cristo. Presenta la acción del Paráclito como un acto de glorificación de la persona de Cristo (“él me glorificará”). Esta afirmación es fundamentada y explicada, “porque recibirá de lo mío y se lo comunicará”. La expresión “recibir de lo mío” es equivalente a “todo lo que ha oído” (v.13). De nuevo es patente la continuidad entre Cristo y el Paráclito: lo mismo que el ministerio de Cristo apunta a la glorificación del Padre (Jn 1, 14.18; 17, 4-6), así también ocurre con el Paráclito respecto a Cristo.

e) El v. 15 proporciona una última explicación que precisa la finalidad teologal de la acción del Paráclito. Al reformular la unidad esencial que existe entre él y el Padre (“tolo lo que tiene el Padre es mío”), Cristo quiere mostrar que, en definitiva, el Paráclito, proclamando lo que ha oído junto a él, lo que ha recibido de él, proclama y revela la palabra de Dios mismo. Realiza, a su vez, para el conjunto de las generaciones venideras el gesto revelador del Cristo encarnado.

Esta última afirmación sobre el Paráclito, el Cristo joánico insiste por lo menos en tres veces (vv. 13b. 14b. 15b) en el hecho de que aquel “no hablará por su cuenta” y comunicará “lo que es mío”. Al subrayar de forma explícita en tres ocasiones el vínculo existente entre el Paráclito y Cristo, el texto querría asegurar a la comunidad que, a pesar del desfase que existe entre la palabra del Cristo histórico y las profecías del Paráclito acerca del futuro, la palabra que este último transmite y actualiza es, desde luego, la palabra de Cristo.

En resumen, el texto retoma y desarrolla la tesis: “les conviene que me vaya, sino me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito” (Jn 16, 7). El Paráclito que da testimonio esta vez de la actividad del Espíritu en el interior de la comunidad. La mirada ya no se orienta hacia el pasado fundante, del que habría que hacer anamnesis y cuya interpretación habría que profundizar, sino que se proyecta hacia el presente y, más todavía, hacia el futuro de la comunidad.

El Paráclito se caracteriza por desempeñar un papel docente: permite a la revelación adquirir su forma definitiva (lo cual imposible antes de Pascua) y, sin añadir nada, actúa para profundizar su significado y para permitir su apropiación. No conduce al al creyente hacia la verdad, sino que los guía en la verdad (entendida esta como el mismo Jesucristo), abriéndolo a una actualización constante de esta última. La apertura hacia el futuro es lo que produce la singularidad de esta declaración sobre el Paráclito.

“Las cosas por venir”, hay que entenderlas en clave cristológica. El lector es invitado a cambiar la dirección de su mirada. El Paráclito le permite abordar el tiempo que se abre ante él como un tiempo habitado por Cristo, por su palabra y por su promesa. En efecto, el Espíritu cuando abre al futuro, no hace más que decir a Cristo. A su vez, este anuncio del Cristo que habita el futuro no tiene fin en sí mismo, sino que, en definitiva, remite al Padre.

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