
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 9, 11b-17
Este texto es apropiado estudiarlo en su unidad completa: Lc 9, 10-17. Este se divide en las siguientes partes: a) introducción (vv.10-11); b) petición de los discípulos y diálogo de Jesús con ellos (vv.12-15); c) el episodio central (v.16); y, d) la conclusión (v.17).
La introducción expone el regreso de los discípulos, la gente seguía a Jesús, desde Cafarnaúm hasta Betsaida (7 kms) y demostró gran interés por escucharlo. Lucas omitió la referencia a su compasión, que hizo Marcos (Mc 6, 33-34), pero mantuvo que acogió a la gente y concreta lo hace. No se limitó a “enseñar muchas cosas” (Mc 6, 34) sino que les habló del reinado de Dios y curó a los que necesitaban. Jesús cumplió su misión: “Anunciar la buena noticia del reinado de Dios, porque para esto me han enviado” (Lc 4, 43). Y ese enuncio fue acompañado de curaciones (9, 6).
En los vv. 12-15, los discípulos, ante la inminencia de la noche, indican a Jesús lo que conviene hacer. Esta es una reacción natural, preocuparse por el propio alojamiento y provisión. Esta mentalidad de los discípulos no da espacio a la gratuidad. En esta peligrosa posición de la gente y mentalidad de los discípulos, Jesús escucha la petición.
Él les ordenó que dieran de comer a la gente. Los discípulos habían asumido la lógica del imperio, que cada uno ha de arreglarse con lo suyo, unos a espaldas de otros, de forma que quienes puedan vayan a comprar, los demás, vean cómo hacen. Jesús, al dar la orden, rompió con la lógica de los discípulos e inauguró la alternativa.
Los discípulos reaccionaron, simultáneamente, con prudencia y con objeción: prudente, para quien ignora la fe y con objeción, puesto que “no tenemos más que cinco panes y dos peces”. Un discreto razonamiento, más que propuesta.
Jesús les ordenó recostar a la gente en grupos de cincuenta, simplificando a Mc 6, 40. Esta orden recuerda la organización del pueblo de Israel durante la marcha por el desierto (Ex 18, 21. 25; Dt 1, 15). En el texto lucano, es una forma de indicar que la multitud que sigue a Jesús equivale a la refundación del pueblo de Israel (otro pueblo). Mientras que, el gesto de recostarse indica que la comunidad lucana está en un contexto imperial. Las sociedades imperiales comían recostadas.
En el centro del relato (v.16), la alternativa. La gente y los discípulos pasan a segundo plano. Sólo actúa Jesús: tomó los cinco panes y los dos peces en sus manos; con los ojos hizo un signo de oración, dirigió sus ojos al cielo[1]. Con este gesto habla con Dios y también con los asistentes. A continuación, los tres verbos principales: Jesús bendijo el pan y los peces, los partió y los iba repartiendo a los discípulos, para que estos los sirvieran. La bendición del pan y de la sal inauguraba todas y cada una de las comidas judías. El gesto recuerda la herencia transmitida por Pablo en 1Cor 11, 23: la del Señor Jesús, la noche en que era entregado[2].
Jesús bendice. Este vocablo es relacional: Dios bendice a los seres humanos y estos se atreven bendecir a Dios. Esta relación se realiza aquí en la mirada de Jesús, que es una oración, para expresar una acción de gracias. Como en las curaciones, Jesús transmite a la gente una fuerza a través del pan. Jesús confía a los discípulos la labor de servir el pan a la gente. De Jesús es propio bendecir, partir y repartir pan; y, de los discípulos es peculiar servirlo a la gente para que se lo coma en grupo.
El v.17 es la conclusión del relato. El resultado de la obra de Jesús es que la gente comió hasta saciarse. Y lo que sobró se recogió en doce canastos. Los gestos hechos por Jesús fueron gestos típicos de un padre de familia al comenzar la comida: alzó la mira al cielo, bendijo los panes y los peces, los parte y los reparte. Al final se recogían las sobras.
Jesús había dicho en Lc 6, 21 que los hambrientos serían saciados. Lo cumplió. Sólo el que ha aguantado hambre siente la fuerza de comer y el gozo inmenso de sentirse saciado. Comer, en este caso, ayuda a que la gente, Jesús y los discípulos sobrevivan a la amenaza de la noche y a la falta de alojamiento. Jesús ha roto con la lógica de sus discípulos, que cada uno se valga por su cuenta y ha inaugurado su alternativa: mirar al cielo, bendecir, partir, repartir y servir el pan.
El texto termina dando la impresión de abundancia. La abundancia de Dios, según el texto, es la que después de haber saciado al hambriento se puede atesorar. Mientras que la abundancia del necio (del rico avariento) es la que atesora para darle culto (Lc 12, 21). La abundancia de Dios es para dar a los hambrientos lo que se les ha negado.
Recapitulando. El texto del reparto de los panes aconteció en un lugar retirado y al declinar el día. Este sirvió a la comunidad lucana para hacer una reflexión profética a la sociedad de su tiempo, sobre la situación de los hambrientos en desbandada. Asimismo, reflexionó sobre los gestos de hospitalidad que se deben tener con el hambriento: “que se acomoden” y “acomodaron a todos” (vv. 14.15).
Se trata de un reparto de panes, al final del día, en un ambiente en que la gente “tenía necesidad” (v.11). Jesús realizó un gesto, un servicio comunitario: “dar de comer hasta saciarse”, a cinco mil personas (vv. 17. 14). Este gesto es el que sirvió de fundamento a la comunidad lucana para entender qué es el memorial de Jesús, y cómo la comunidad le debía recordar.
Con el debido cuidado, se puede decir, a partir del texto, que la eucaristía, memorial de los gestos de Jesús, constituye un servicio a la gente, no un premio para los que son considerados buenos[3]. Jesús, en este texto, solo pidió a los discípulos que acomodaran a la gente y que sirvieran el pan que él les iba dando. En la eucaristía, Jesús dice “tomen y coman todos de él”; y, “tomen y beban todos de él”.
[1] Cfr. Job 22, 26.
[2] Cfr. Lc 22, 19.
[3] Cfr. Papa Francisco. Evangelii Gaudium, 47.
