
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 12, 32-48
El contexto literario del texto lo constituye Lc 12, 32 – 13, 21. El lector se encuentra aquí con una serie de enseñanzas. En estas predomina un tono de exhortación apremiante. La llamada a no temer, a pesar de ser pequeños, aparece unida a adoptar una actitud de desapego ante los bienes (12, 32-34).
Lc 12, 32-48 son una colección de dichos y parábolas y se perciben cuatro partes: 1º) Los vv. 32-34 forman una serie de imperativos y didácticos con carácter ético: “No temas, pequeño rebaño” (v. 32), “vendan sus bienes y den limosna. Hagan bolsas” (v. 33).
El v. 32 desarrolla el dicho del v. 31: “basta que busquen su reinado y estas cosas se les darán por añadidura”. Pero agrega un matiz nuevo: el reino no será difícil de encontrar, el Padre ya se los ha dado. El dicho de Lucas, traído de Q, tiene una formulación muy cordial. En el contexto de las necesidades materiales, la imagen del pastor y del rebaño recuerda al salmo 23 (22). Es la única vez en los cuatro evangelios que Jesús llama a los discípulos “pequeño rebaño”. A Lucas le gustó la imagen del rebaño y la pone dos veces en boca de Pablo (Hch 20, 28-29). La imagen es minoritaria y sugerente, puesto que incuba lo esencial para el reinado de Dios.
Los vv. 33-34 tiene un giro inesperado. En vez de angustiarse por lo que no se tiene, aconseja ver lo que se tiene y darlo a los pobres. Parece una locura, pero recuerda la actitud de las comunidades de Macedonia cuando se le pidió ayudar económicamente a la de Jerusalén: “En medio de su extrema pobreza derrocharon generosidad” (2Cor 8, 2). Paradójicamente, este dinero no lo pierden, lo invierten en el cielo, adonde no se acercan los ladrones; o, usando la imagen antigua, lo guardan en bolsas especiales en las que no entra la polilla.
La idea no es típica de Jesús, se encuentra ya estaba en el Eclesiástico (Eclo 29, 10-12). La dificultad radica en que el dinero que invierto en el cielo lo pierdo en la tierra. Es como un capital a plazo fijo que no puedo tocar durante toda la vida. Y lo pierdo ahora, porque la forma de invertir en el cielo es a través de la limosna, ayudando a los necesitados. El mejor comentario al texto de Lucas está en 1Tim 6, 17-19.
Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón. Al argumento sapiencial, de productividad, Lucas (Q) añade otro más teológico. El v. 34 se basa en Dt 6, 5. En este terreno resulta muy fácil engañarse, porque se está acostumbrado a separar el amor a Dios del amor al dinero. Si a un cristiano le preguntan: ¿dónde está tu corazón?, podría responder: “está en Dios”. Por eso Jesús formula la pregunta de manera distinta: ¿dónde está tu riqueza? Si está en bancos, acciones en cooperativas, terrenos y otros, allí está tu corazón, aunque intentes engañarte diciendo que está en Dios.
2º) Llamada a la vigilancia de los criados durante la ausencia del amo (vv. 35-40), que insiste en el momento inesperado del retorno y en el ejemplo de un señor que, al llegar, busca servir a los siervos que encuentra despiertos. Estos versículos inician la enseñanza de Jesús dividida por una pregunta de Pedro en el v. 41. Se trata de un señor que vuelve de un banquete y otro, que no tiene criados, se entera de que esa noche va a venir un ladrón, y lo espera en vela. Los consejos son distintos: en el primer caso, es imitar a los criados que esperan a su señor; en el segundo, imitar al señor que espera al ladrón, preparados para la llegada imprevista del Hijo del hombre.
Hay también una notable diferencia en cuanto al tono: la primera comparación da por supuesto que el señor encontrará a los criados vigilando y los proclama dos veces bienaventurados. La segunda, con la osadía de equiparar la llegada del Hijo del hombre a la de un ladrón, tiene un tono de amenaza y peligro. La primera comparación es exclusiva de Lucas (vv. 35-38). La segunda es tomada de Q (vv. 39-40). Parece como si Lucas, anteponiendo la suya propia, quisiera suavizar algo la amenaza de la de Q.
Teniendo en cuenta que Jesús está hablando a los discípulos desde 12, 22, y que se está dirigiendo a ellos de manera directa (“tengan ceñida la cintura”, “ustedes estén”, “comprendan”, “lo mismo ustedes”), resulta extraña la pregunta de Pedro sobre si las cuenta por ellos o por todos. Sin embargo, es un ardid espléndido de Lucas para insistir en el deber de los responsables de la comunidad.
3º) Parábola del administrador (vv. 41-46), que primero describe la noble tarea cumplida por el dirigente responsable, hace un elogio e indica la recompensa que recibe; y, segundo opone la actitud irresponsable del mismo ecónomo, su sorpresa y su castigo tras la llegada imprevista de su amo.
Lucas insiste con los responsables de la comunidad y lo hace con una nueva comparación tomada de Q (vv. 42-46). Ante todo, identifica al destinatario: no es una persona cualquiera de la comunidad sino uno al que su señor ha puesto al frente de la servidumbre, no para que la controle y la haga trabajar, sino para que le reparta su ración a su debido tiempo. Esta persona tiene dos posibilidades: cumplir su misión, y, cuando llegue su señor, dejará de ser servidor para estar al frente de todos los bienes; y, aprovechar la tardanza de su señor para abusar de su poder; cuando vuelva su amo, recibirá su terrible castigo.
El castigo se formula de dos maneras: la primera, literalmente, “lo cortará por medio”, “lo hará trizas”; afirmación tan dura que algunos traductores la suavizan: “lo castigará con rigor”; y, la segunda, “condenándolo a la pena de los que no son fieles”. Parecen cosas tan distintas que algunos han propuesto que la original es la primera, y la segunda fue añadida para suavizarla.
En cualquier caso, es claro el contraste entre el gran premio del servidor que se porta bien y el duro castigo del que no cumple su obligación. Ambas conductas se relacionan con la llegada del señor. El primero no necesita recordarla continuamente, se porta bien sin pensar en ella; el segundo fundamenta en el retraso su mal comportamiento. Los lectores de Lucas podían aplicar fácilmente la comparación a la vuelta de Jesús y las dudas que algunos alentaban ante su retraso.
4) La oposición entre el que conoce y el que ignora la voluntad del amo (vv. 47-48), distingue entre el que ha recibido y aquel a quien el amo le ha confiado una dirección particular.
Lucas añade a la comparación de Q otros dos dichos relacionados con el tema del castigo. El primero (vv. 47-48a) distingue nuevamente dos posibilidades: el criado que sabe lo que su amo quiere y el que no lo sabe; el primero no está dispuesto a ponerlo por obra y recibirá muchos azotes; el segundo hace algo digno de castigo y recibirá pocos. La culpa del primero es mucho mayor, porque sabe y no quiere. El castigo de los azotes era típico de los esclavos. ¿Quién se siente, o debe sentirse, aludido por estas palabras? Indudablemente, el que sabe es el responsable de la comunidad. No puede tranquilizar su conciencia pensando en los ignorantes que hacen algo digno de castigo. Debe pensar si él pone en práctica lo que sabe que quiere su señor.
Y el segundo (v.48b) se dirige claramente a los responsables, y les insiste en que han recibido mucho, se les ha confiado mucho; por eso, mucho se les reclamará y se les pedirá. Lucas tendría muy presente todo esto cuando escribió la despedida de Pablo a los presbíteros reunidos en Éfeso (Hch 20, 18-35). Pero el mejor comentario esta en 1Pe 5, 1-4.
Vigilar no significa vivir angustiados. A pesar de lo anterior, la mayoría de la gente vive a diario el mensaje del Evangelio. Está con el cinturón ceñido y la lámpara encendida. Porque la vigilancia se traduce en el cumplimiento adecuado de sus obligaciones, como se dice del administrador: no se le pide que viva pensando en la hora de la muerte, sino que cumpla la tarea que Dios le ha encomendado.
Desde el punto de vista contracultural, el texto deja en evidencia una comunidad que subvierte los papeles socialmente establecidos. Es un señor desconcertante, convertido en servidor, que pide a sus siervos sentarse porque él irá sirviéndoles la mesa. Los siervos no sólo son dichosos, sino que se sienten servidos por su señor. El texto indica que los que ocupan puestos de poder o desean tener autoridad, lo hagan desde la identidad de su señor que sirve a sus siervos, superando así el modelo de los que están sentados esperando ser servidos. En la comunidad de Lucas todos deben sentirse siervos de un señor servidor.
