Por: Pbro Lucio Ernesto Reyes
La mística pastoral de nuestros mártires estuvo fundamentada en la vivencia de la comunión, el diálogo, la escucha, el discernimiento y la toma de decisiones que respetaban el sentir de las comunidades. No fueron pastores solitarios, apartados de la comunidad y de la realidad, más bien, fueron pastores que aprendieron a caminar con el pueblo, a sentir con la comunidad, por eso tenían olor a oveja.
Según los escritos bibliográficos, el Padre Rutilio Grande, tuvo la oportunidad de participar en diferentes experiencias de fe comunitaria, como formador de los futuros sacerdotes en el Seminario San José de la Montaña, acompañar las Comunidades Eclesiales de Base de la diócesis de Riobamba, Ecuador. Además, cuando asume la Parroquia de Aguilares, constituye un equipo de trabajo con el cual discierne el caminar pastoral de la comunidad, en la Vicaria foránea y en las instancias diocesanas donde se le invita a participar, siempre fue un pastor que promovía el diálogo, la escucha, el discernimiento y la toma de decisiones comunitarias.
Una de las crisis que vivió a este modelo sinodal, fue la que provocó una parte de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES), en la primera semana de pastoral nacional, del 22 al 26 de julio de 1970, en la cual se pretendía asumir las nuevas opciones pastorales del Vaticano II y de Medellín. Este discernimiento pastoral, produjo reacciones encontradas, por un lado, el grupo conservador de la Iglesia que puso resistencia a las conclusiones pastorales, a tal punto, que modificaron y mutilaron el documento final; y un pequeño grupo laicos, sacerdotes y dos obispos, que apoyaron y asumieron estas opciones pastorales. Ante esta expresión de autoritarismo y clericalismo Rutilio expresó su sentir:
“En su opinión personal, las CEDES antes de pronunciarse debía oír a diversas personas, especialmente aquellas que se caracterizaban por su buen juicio y probada prudencia y que hubieran asistido a la semana, “a mi modesto entender sería fatal un enfrentamiento frontal con la sustancia de dichas conclusiones”. Tilo pidió a los obispos discernir con cuidado, “sería lamentable, que por ciertas expresiones, audaces a juicio de algunos y por ciertos géneros literarios como yo los llamaría… se echasen por tierra cosas totalmente válidas y fundamentales en una pastoral de urgencia y con el carisma particular de la Iglesia en nuestro país…bueno sería que con una buena dosis de discreción de espíritus saquemos adelante el carro de buena forma, y ojalá que con la calma de Juan XXIII despejemos el camino ante el que nos hemos visto abocados en fuerza de las circunstancias, una vez que nosotros mismos tal vez no las encaremos con valentía…”[1].
En su corto, pero fecundo ministerio pastoral, Mons. Romero hizo de la sinodalidad su opción y mística para pastoral la arquidiócesis de San Salvador, a tal punto que todos los miércoles se reunía con diferentes equipos de trabajo, como abogados, Comisiones, teólogos, Senado etc., para escuchar opiniones técnicas, sobre los temas pastorales y de la coyuntura nacional, y de esa forma discernir y emitir opinión pública. Esta práctica sinodal está registrada en su diario personal y demás escritos:
“Como todos los miércoles tuve desayuno y reunión con la Comisión de Justicia y Paz y representantes del Senado. El tema principal fue revisar el esquema y las ideas de la Carta Pastoral que llevará como título. “Fe cristiana, Iglesia y compromiso político”, con el fin de aclarar tanta confusión que hay hoy acerca de las organizaciones populares y del compromiso de los cristianos que pertenecen a estas organizaciones…En la reunión también estudiamos otros puntos de actualidad…”[2].
Pienso que esta mística sinodal de nuestros mártires se fundamenta en la toma de conciencia que no es un proyecto personal el que se les ha encomendado, sino un proyecto divino, que necesita del auxilio del Espíritu y que se requiere fidelidad y compromiso; se necesita discernir el sentir del pueblo, interpretar los signos de los tiempos, para lo cual se necesita saber orar, escuchar, dialogar, discernir y tomar decisiones en conjunto que desencadenen vida pastoral, motivación y compromiso.
[1] Cardenal Rodolfo, “Historia de una esperanza, vida de Rutilio Grande”, San Salvador, UCA editores, 2015, Pp. 155-156.
[2] Romero Oscar, “Su diario”, San Salvador, Edit. Grafika imprenta y Diseño, 1989, P. 24
