Por: Pbro. Santos Belisario Hernández Portillo
“La verdad del Evangelio, anunciaste siempre fiel, por seguir a Jesucristo te mataron Rafael”, así reza la canción dedicada a la figura del padre Rafael Palacios asesinado el 20 de junio de 1979. Al cumplirse hoy un aniversario mas de su muerte es justo conocer un poco más de su legado.
Rafael Palacios nació el 16 de octubre de 1938 en el cantón Talcuayula de San Luis Talpa departamento de La Paz, El Salvador. A los doce años entra al seminario Menor y es Ordenado sacerdote en la parroquia de santa Lucía en Suchitoto, donde residía su familia, el 26 de mayo de 1963.
Su trabajo pastoral lo inició en la diócesis de San Vicente en ese mismo año de su ordenación sacerdotal siendo vicario de la Catedral de San Vicente, luego como párroco de la parroquia El Calvario, también de San Vicente, y del pueblo de Tecoluca. Su apego e interés por los lineamientos del Concilio Vaticano ll no fueron bien vistas por el obispo de la iglesia local, por lo que monseñor Arnoldo Aparicio lo retiro de todos sus cargos provocando en el corazón del joven sacerdote un gran dolor y tristeza.
La providencia de Dios lo conduce hasta monseñor Luis Chávez y González en la Arquidiócesis de San Salvador, quien lo recibe con mucha esperanza y confianza, asignándolo, en primer lugar, como vicario de la parroquia Inmaculada Concepción de Santa Tecla. Luego pasa a servir en la parroquia El Calvario siempre en Santa Tecla, después de Santa Lucía, Ilopango, y su última parroquia fue en San Francisco, Mejicanos en sustitución del padre Octavio Ortiz, ya asesinado.
En la Arquidiócesis de San Salvador, Rafael se esforzó mucho pastoralmente por implementar la renovación del Concilio Vaticano ll, en las Comunidades Eclesiales de Base, con las que trabajó incansablemente. Sucedió que, en la Semana Santa del año de 1976, en la parroquia de El Calvario, en la ciudad de Santa Tecla, el padre Rafael “Actualizó” el Evangelio con escenas más cercanas a la realidad que se estaba viviendo: representó el “Huerto de los Olivos actualizado”, donde aparecía Jesús cargando, en lugar de la cruz, una caja pesada con todos los problemas sociales: hambre, enfermedades, desempleo, guerras, ignorancia, etc. En el vía Crucis, aparecían un mundo con hombres armados, por un lado, que simbolizaban la guerra y por el otro lado hombres y mujeres tomados de las manos que simbolizaban la lucha y búsqueda por la paz. Esto produjo escandalo en personas muy conservadoras y pudientes que lo comenzaron a catalogar como “subversivo” y comenzaron las amenazas contra su vida especialmente de la UGB (Unión Guerrera Blanca).
Las amenazas se volvieron realidad en la mañana del 20 de junio de 1979, el padre Palacios caminaba en las calles tecleñas cuando de un vehículo bajaron varios hombres que querían introducirlo en el carro, hubo forcejeo y resistencia de parte del religioso; al no poder cumplir su cometido, le dispararon 15 veces, regando su sangre que, sin duda, se mezclaba con la sangre de tantos hombres y mujeres asesinados que luchan por la verdad y la justicia. El padre, aun con vida, se desangraba y aquellos hombres llegaron para darle el tiro de gracia, alejándose del lugar, dejando el cuerpo de Rafael como semilla sembrada y regada con sangre en las calles de Santa Tecla.
Monseñor Oscar Romero, ahora san Oscar Romero, impresionado por la muerte del padre Rafael, pronunció una homilía muy sentida para el funeral de éste sacerdote, aquí recogemos un párrafo muy trascendental:
“Esta muerte nos abre a las perspectivas de la trascendencia, de lo absoluto. Rafael ha muerto, su palabra ya no se puede confundir con las voces de la tierra. Y si la calumnia o la mala comprensión quiso confundirla con esas voces que solamente buscan la liberación de la tierra, ahora, cuando a la luz de su muerte podemos comprender que su mensaje nos eleva más allá de la historia y de las realidades de la tierra, su muerte no es silencio, su muerte es la voz mas elocuente: no sólo su sangre, que quedó regando la tierra, sino su espíritu, que ha volado al cielo y desde allá nos dice: trabajar hasta dejar la sangre en las calles, pero morir con una esperanza que recoge el espíritu sólo para Dios”. (Homilía del 21 de junio de 1979 en la parroquia de Suchitoto.)
En la actualidad la familia del padre Rafael pidió esclarecer el asesinato para: “conocer la verdad, que se aplicara la justicia y conocer a los asesinos intelectuales y conocer a los asesinos materiales”. Desde su intervención en junio 2018, “no he tenido noticias del avance de ese caso”, lamentó el hermano de Rafael, Carlos Palacios. (Tomado de Revista Digital Contrapunto, 20 de junio de 2019).
