
Pbro. Manuel Acosta
El texto es continuación del relato del nacimiento de Jesús (Lc 2, 1-20). Después que los ángeles han anunciado la noticia y han cantado “gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a las gentes que Él (Dios) ama” (2, 14), ahora los pastores son los continuadores del anuncio, puesto que ellos harán en la tierra lo que los ángeles hicieron desde el cielo: glorificar, alabar a Dios y anunciar lo que han visto y oído (v. 20). Estos son las gentes de la complacencia de Dios que los ángeles cantaban.
El relato se divide en las siguientes escenas: 1) transición, los ángeles salen de la escena (v.15a); 2) episodio de los pastores con una alusión escueta, pero especial a María, José y al niño (vv. 15b-20); y, 3) cumplimiento del mandato del Señor (v.21, cf. 1, 31). La primera parte sirve de enlace para el relato que viene, sostiene que los ángeles dejan a los pastores y se van al cielo. Ello con la finalidad de acentuar que han dejado en la tierra a los responsables del anuncio del nacimiento. La segunda parte presenta a los pastores, quienes emprenden, a toda prisa, el camino a Belén, encuentran a María, José y al niño, cuentan lo se les había anunciado y regresan contando lo que habían visto y oído. De María se dice que guardaba y meditaba estas cosas en su corazón. Por último, la tercera parte reafirma el cumplimiento del nombre que el ángel le había asignado al niño (Jesús), así como enfatizar su circuncisión, para afirmar que se trata de un judío.
De Jesús se dice que es un niño acostado en un pesebre. El trono de este Salvador está en un pesebre. Expresión máxima del Dios débil y humilde. De los pastores son importantes los verbos ir a prisa, ver, encontrar, contar, volver glorificando y alabando por lo visto y oído. Estos verbos indican que ellos constituyen los nuevos agentes del anuncio del nacimiento. Los que oyen a los pastores se maravillan de lo que dicen. En los relatos de resurrección se verá este mismo asombro en las mujeres , mientras que los discípulos anunciarán la resurrección . Sin embargo, los pastores no se quedan ahí sino que regresan a sus casas.
La maternidad de María está explícita en la frase “guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” y en el cumplimiento del mandato de Dios al ponerle al niño el nombre de Jesús. Se trata de una maternidad según el corazón de Dios. En el ejemplo de los pastores y de María está contenida la identidad de los cristianos y de las cristianas. Lo nuestro es volver al pesebre, encontrar al niño, contar lo visto y regresar a los ambientes humanos para transformar. Este itinerario debe hacerse con el paradigma de María: guardar y meditar.
