Tercer Domingo del Tiempo Ordinario «Domingo de la Palabra de Dios»

Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Lc 1, 1-4; 4, 14-21

El texto posee dos partes. La primera (1, 1-4) constituye el prólogo de la obra lucana que se corresponde con Hch 1, 1-2. En este preámbulo, Lucas expone cuatro datos esenciales: a) la justificación, por qué escribe la obra; b) el destinatario, a quién al dedica; c) el método que usa; y, d) la finalidad. Su propósito con ello es darle a su obra un carácter público, es decir, que incida en los asuntos de la vida de los ciudadanos.

La justificación es que “muchos” (polôi) han intentado narrar en orden las cosas que se han verificado en el seno de las comunidades en relación con Jesús de Nazaret (vv.1-2); las cosas verificadas son reales (pragmaton). ¿Quiénes son esos “muchos”? Las opiniones son diversas, pero lo más importante es que los califica de “testigos oculares”, convertidos posteriormente en “servidores de la Palabra”. A pesar de la estima que siente por ellos, no está plenamente satisfecho de su labor. Para Lucas, la obra de sus predecesores puede ser continuada y mejorada.

Lo escrito por muchos, Lucas los denomina diégesis. Esta es una composición expositiva de hechos que han sucedido o que se admiten como sucedidos. Dicha composición según el v.3 ha tenido su debido proceso: búsqueda de información fidedigna; disposición ordenada de la información obtenida; y, su adecuada formulación literaria. Dicho de otra manera, es lo que el texto denomina kathexés.

El destinatario es “poderosísimo Teófilo”, una denominación que solo era atribuida a los funcionarios del imperio romano. En el texto, no se dice quién es este personaje y las interpretaciones son variadas. La más probable es que se trata de un individuo al que Lucas consideraba un temeroso de Dios, convertido más tarde en amante de Dios (Teófilo), miembro de comunidad, que colaboró con Lucas en el coste de la obra, tanto en su elaboración como en su difusión en las comunidades helenísticas.

El método. Lucas no está satisfecho con la labor de sus precursores. Encuentra que no han escrito “desde el principio” (ânothen), “todo” (pásin), “exactamente” (ákribôs) y “por orden” (kathexês). Estas cuatro “deficiencias” son las que él pretende mejorar. Que Lucas lo haya logrado, no es objeto de este estudio.

La finalidad de la obra es “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”. Tales enseñanzas, en el contexto de la obra, son las referentes a Jesús de Nazaret. Esto sugiero que Teófilo había sido instruido (katejéthes lógon) solo oralmente. La obra de Lucas servirá para dar autoridad y solidez a esa enseñanza, confirmando y ampliando lo aprendido anteriormente.

El vocablo solidez (asfaleia) tiene un sentido de tribunales jurídicos, se trata de la confianza que se puede tener en una información, en una fuente, en un documento o en un dato. Pero también, en Pablo, tiene el significado de la seguridad que brinda el ejército romano tras una invasión[1]. En el texto, dicha solidez es la propiedad intrínseca de las enseñanzas que Teófilo ha recibido (katejéthes lógon). Lucas dejó así evidenciado que el método de su trabajo lo constituye el relato ordenado, de carácter público.

De este modo, Lucas elevó la calidad literaria de la tradición sobre Jesús, la de los “muchos” que después se convirtieron en testigos oculares y en servidores de la palabra, que hasta ese momento (70-80 d. C) era tradición oral popular. El autor dejó constancia de que su obra es histórica y que el Evangelio es público, es decir, es para todos los ambientes humanos sin distinción. Se trata de un relato dirigido a aquellos que como Teófilo (v.3) están en los distintos ámbitos públicos y toman decisiones que determinan la vida de los habitantes.

La segunda parte (4, 14-21) constituye el relato programático que contiene el proyecto evangelizador de Jesús que es el mismo horizonte hacia el que sus seguidores deben caminar. Algunos de los puntos significativos de esta parte: en primer lugar, la expresión “por la fuerza del Espíritu” (v.14), que remite a 4, 1 y 3, 22. Jesús puede hacer, lo que Lucas narra, porque está lleno del Espíritu. Esto significa, para el texto, ofrecer la respuesta a todas las esperanzas y expectativas de la gente que “tenía los ojos fijos en él” (v.20).

Y, en segundo lugar, la cita de Isaías (Is 61, 1-2). Jesús encontró un texto de Isaías que pretende consolar a los pobres, los cautivos, los oprimidos. Imágenes que no deben entenderse al pie de la letra, dado que estas describen la realidad que estaba el pueblo bajo el dominio persa (s. VI-V a. C.). Una situación bastante parecida a la del tiempo de Jesús, bajo el imperio romano. Los presentes en la sinagoga de Nazaret podían verse reflejados en esas palabras de Isaías.

Lucas empleó este texto para presentar la misión de Jesús: “anunciar a los pobres la Buena Nueva”, “proclamar la libertad a los cautivos”, “a los ciegos, la vista”. El perfil de los destinatarios de la palabra de Jesús resulta muy marginal y explica lo que él dirá después: “no necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal” (Lc 5, 31). Sin embargo, Lucas omite una expresión significativa de Is 61, 2c: “pregonar el día de venganza de nuestro Dios”; y, en su lugar dice: “y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 19).

Jesús enrolló el volumen, se sienta, permanece en silencio, mientras todos tienen los ojos fijos en él. Por fin dice: “hoy se ha cumplido esta Escritura, que acaban de oír” (v. 21). Son sus primeras palabras en público, porque Lucas ha omitido las que pone Marcos en su boca cuando predica por Galilea (Mc 1, 15). Jesús no dice qué es lo que se cumple hoy. El texto ha leído algo ya pasado. Lo único que puede haberse cumplido es la unción, el envío y la compañía del Espíritu. Los mencionados en el texto isaiano deberán seguir esperando. Jesús no dice “ese personaje sobre el que está el Espíritu soy yo, y llevaré a cabo la misión que ahí se indica”. Jesús prefiere ocultar su personalidad.

El texto puede interpretarse a la ligera, como si el personaje que habla fuese a llevar a cabo una mejora social de los pobres y marginados. Sin embargo, el texto no pone el énfasis en la acción, sino en el anuncio. Este matiz es importante porque coincide con lo que Jesús hizo. Es cierto que curó algún ciego, pero no liberó de los romanos ni mejoró la situación económica de los pobres. Cuando Lucas escribió su evangelio, después de la muerte de Jesús, tendría motivos para dudar de tal promesa. Sin embargo, no lo hizo. Jesús había cumplido su misión de anunciar el año de gracia del Señor, había traído esperanza y consuelo. Había motivo más que suficiente para creer que esa palabra se había cumplido y sigue cumpliéndose hoy.


[1] Cfr. 1Tes 5, 3.

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