Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario

Anotaciones al texto de Mc 9, 30-37

Pbro. Manuel Acosta


El texto se divide en tres partes: a) La primera presenta el segundo anuncio de la pasión e incomprensión de los discípulos (9, 30-32). Marcos evidencia el carácter itinerante de Jesús (“caminaba por Galilea”, v.30). Jesús se separa de la gente y enseña a los suyos, caminando, sin que otros lo sepan y puedan interferir en su enseñanza. Él quiere iniciar a sus discípulos en su camino (v.31a).
Es durante el camino, donde él anuncia por segunda vez su pasión: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará” (v.31b). El anuncio, por una parte, está ambientado de forma genérica en un recorrido por Galilea, durante el cual Jesús está dedicado a instruir a sus discípulos; y, por otra, es el más breve y el que reproduce mejor la tradición que dio lugar a los tres anuncios de Marcos.
Marcos no dice cómo Jesús ha llegado a tal descubrimiento (¡será entregado, lo matarán!), ello solo ha sido posible tras la pascua, pero que recoge, sin duda, una experiencia que ha marcado su vida anterior. Él no vino a dominar a los demás sino a entregarse al plan de Dios. Tal entrega es el signo distintivo de la misión de Jesús, de manera que a partir de ella se irán definiendo y/o descubriendo los momentos básicos de su evangelio (Mc 10, 33; 14, 21. 41-42; 15, 10). Eso indica que la “pasión” no ha sido efecto de algún tipo de fallo, como algo que debiera evitarse o superarse, sino que ella constituye un elemento esencial de la acción mesiánica de Jesús, algo que sus discípulos deben asumir y aplicar a sus vidas.
“Le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará”. Los hombres que harán la acción de matar a Jesús, en Marcos, son los romanos. Estos expresan su poder asesinando a Jesús (el verbo aparece en pasivo, como aquel que muere). Jesús añade, que tras “ser muerto”, él mismo “resucitará” (anastésetai, en voz media de futuro, con sentido activo).
En el fondo de este anuncio está la confesión del joven de la pascua, que dice a las mujeres “Dios lo ha levantado, resucitado”, como en Pablo (1Cor 15, 4), poniendo de relieve que ha sido Dios quien ha resucitado a Jesús. Pero en Marcos, ya no se dice que Dios lo resucita, sino que él, el mismo Hijo del Hombre. Jesús no habla así de una resurrección cualquiera, sino de la resurrección de aquel que ha “entregado” la vida por los demás.
La reacción de los discípulos al anuncio consiste en que no entendían lo que les decía y temían preguntarle (v.32). La expresión ha de entenderse como expresión de la falta de entendimiento del grupo, que no han comprendido el sentido de la muerte de Jesús. La causa fundamental de esa falta de conocimiento es el miedo. Sobre esta base de incomprensión sigue avanzando el texto, a modo de paradoja, mostrando así los dos caminos que se van separando: por un lado, queda Jesús que presenta su entrega como lugar de presencia de Dios, principio de la comunidad eclesial; y, por otro avanzan los discípulos, que cada vez entienden menos, actitud que desembocará en la ruptura final y el abandono de 14, 17-72. Para los discípulos de ayer y de hoy entiendan, para que superen su incomprensión y se abran al evangelio de Jesús, Marcos ha escrito su evangelio.
1Jesús le va diciendo una cosa, y los discípulos entienden otra, pues él no ha logrado hacerles cambiar de raíz, ni con la experiencia pascual. Ellos saben que hay sufrimientos y que deben superarse las dificultades de la vida; pero suponen que al fondo ha de triunfar la bendición y la gloria de Dios para buenos o elegidos, dentro de esta misma historia. Pues bien, en contra de esto, el Jesús de Marcos les ofrece un camino de enseñanza y seguimiento invertido: la presencia y bendición de Dios se expresa por la entrega y el sufrimiento que provoca ir detrás de él, puesto que tal ir es caminar en contra de la injusticia del mundo.
b) La segunda parte explicita la pregunta de Jesús y el silencio de los discípulos (9, 33-34). La reacción anterior de los discípulos ante el anuncio de la pasión, no les impidió, mientras iban en el camino, discutir acerca del rango de cada uno de ellos, de quién es el mayor.
Jesús observó esta polémica y les preguntó: “¿de qué debatían por el camino?”. El vocablo “debatir”, es un término que Marcos asigna a los contrarios de Jesús. Estos debaten sobre qué hacer con él. En este sentido, los discípulos se aprovechan de la inminente muerte de Jesús, para debatir sobre puestos de rango. Esta discusión nada tiene que ver con lo anunciado por él. A esto se debe que la reacción de los discípulos, en el v. 34, es “callarse”, como si estuvieran muertos. Este silencio habla por sí solo.
c) Por último, la tercera parte expone la enseñanza de Jesús a los discípulos (9, 35-37). La discusión entre los discípulos manifestó que no habían asimilado la enseñanza de Jesús, y, se convirtieron en contrarios. Jesús tiene que insistir en su enseñanza, recurriendo a nuevas imágenes y, sobre todo, al gesto simbólico de colocar a un niño en medio de ellos, para que los discípulos aprendan a identificarse. La discusión entre los discípulos, la respuesta de Jesús y el gesto simbólico indican que el tema de fondo es la actuación de los discípulos como enviados de Jesús. Estos deben entender a Jesús. Por eso, esta segunda instrucción no se dirige a la gente, sino sólo a los discípulos, quienes deben cambiar las relaciones humanas, ya no basadas sobre el poder de unos sobre otros, sino que, en nombre de Jesús, el que quiera ser el mayor, debe hacerse como niño, sólo así pueden ser discípulos de Jesús (9, 37).
Jesús realizó tres gestos con el niño, con la finalidad que los discípulos configuren su identidad de esta manera. “Él llamó al niño”; los discípulos sino entendieron el anuncio de la pasión debieron haber buscado a Jesús, en lugar de discutir entre ellos. “Jesús colocó en medio al niño”; los discípulos deben saber que el centro de la comunidad es Jesús y los pequeños, con quienes él se identificó. Y, por último, “Jesús abrazó al niño”; este gesto es símbolo de la donación de amor. Estos son los gestos discipulares para realizar hoy.
Mons. Romero dijo: “El que quiera ser el primero, hágase el último y sea servidor de todos”. Discutan, entonces, a la luz de este principio cristiano, quién es más grande. Y si un hombre, es elegido para ministro, para presidente de la república, para arzobispo, para servidor, ¡es servidor del pueblo de Dios! No hay que olvidarlo. Y la actitud que hay que tomar en esos cargos no, es decir: “Yo mando y aquí se hace despóticamente lo que yo quiero”. No eres más que un pobre ministro de Dios y tienes que estar pendiente de la mano del Señor para servir al pueblo según la voluntad de Dios, y no según tu capricho”.

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