Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Lc 16, 19-31
El texto es el relato de “un hombre rico comilón y un pobre llamado Lázaro”. Este tiene tres escenas definidas: a) un hombre rico y el pobre Lázaro (vv. 19-21); b) muerte y sepultura (vv. 22); y, c) el rico, Lázaro y Abrahán (vv. 23-31). Lucas ha puesto en boca de María: “a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 53). Eso no ocurría en su época y tampoco en la actual. Para aclarar posibles equívocos, las bienaventuranzas y ayes al comienzo del discurso en la llanura dicen que eso ocurrirá en el futuro del reino de Dios (Lc 6, 20-25). Este cambio radical es el que ejemplifica el cuento del rico comilón y Lázaro. Lucas no lo llama parábola, pero tampoco es una historia real; es un cuento del que se debe extraer una importante enseñanza.
El rico y el pobre (vv.19-21). El relato describe el contraste radical entre los dos personajes, así como la inversión tajante de los papeles. Dichos contrastes están en el vestir, en el comer del rico que discrepa de la situación paupérrima, hambrienta y maloliente del pobre Lázaro. Al describir al rico, Lucas no puede dejar de mencionar que “celebraba todos los días espléndidos banquetes” (v. 19). Al otro lado de la puerta, que se podía abrir, pero que de hecho estaba siempre cerrada, se encontraba un pobre de nombre Lázaro.
A Lucas le gusta presentar parejas de personajes antagónicos. Esta vez elije un rico y un pobre. Del rico no dice su nombre. Basándose en la palabra epulabatur de la traducción latina, se introdujo la costumbre de llamarlo epulón. Pero el texto solo menciona su forma de vestir y su excelente comida. El rico se viste de púrpura y lino. Púrpura es señal de gran privilegio y alta dignidad, es el distintivo del rey. El lino se usaba para prendas interiores y su obtención requiere de mucho coste. El trabajo que se requiere para transformar la planta en telas de lino es muy arduo. Es ropa muy fresca, porque absorbe muy bien el calor. Aparte del vestido, es banqueteador con comida de máxima calidad y abundante. La presentación del pobre comienza dando nombre: Lázaro. Su significado “Dios ayuda”. Su vestido son llagas que le cubren el cuerpo y lamen los perros. Comida no tiene. Desearía llenarse el vientre con los trozos de pan que se utilizaban para empapar el plato y para limpiarse las manos que luego se arrojaban bajo la mesa. La expresión “deseaba saciarse” recuerda al hijo menor de Lc 15, pero este tuvo la posibilidad de buscar solución. El pobre está tirado a la puerta del rico, casi sin moverse.
La descripción del rico y Lázaro recuerda al profeta Amós (Am 6, 1-4), quien vivió en una situación muy parecida, en ciertos aspectos a la de hoy: gente millonaria que puede permitirse toda clase de lujos, y gente que llega a duras penas a fin de mes, o incluso pasa hambre. El profeta se dirige a la clase alta de las dos capitales, Jerusalén y Samaria, y denuncia su forma de vida lujosa. Lo que dice el profeta es que esa gente que vive con toda clase de lujos no se preocupa lo más mínimo del sufrimiento de millones de personas que lo pasan mal. Por eso sufrirán un tremendo castigo.
Muerte y sepultura (v.22). Los dos mueren el mismo día. Pero desde ese momento
comienza a cambiar la suerte. El pobre es llevado por los ángeles al seno de “Abrahán”. Esta idea no tiene paralelo en la literatura bíblica, pero expresa muy bien el excelente trato
recibido por el pobre. La expresión, en sentido honorífico, indica el puesto de honor en un
banquete. Del rico se dice escuetamente que “fue sepultado”. El narrador del cuento evade
toda pompa funeral del rico, ni siquiera habla de acompañantes; como sea, lo único
importante es que lo sepultaron, se hundió en la tierra, no en el seno de Abrahán.
El rico, Lázaro y Abrahán (vv. 23-31). Aunque menciono a los tres, Lázaro no dice nada, se
limita a pasarlo bien. Los protagonistas son el rico y Abrahán. Después de enterrarlo, el rico
se encuentra en el Hades, termino griego que designa al dios del mundo subterráneo y, más
tarde, a dicho mundo. El NT distingue entre el período de tiempo que se pasa en el Hades y
el definitivo que se pasa en la Gehena, y que el rico estaría en una situación transitoria.
Ciertamente la impresión que da el cuento es que el rico se encuentra ya en un castigo
definitivo, en un lugar de tormento, en el que las llamas provocan una sed terrible. aunque
ese espacio está separado del seno de Abrahán por un abismo, se ve al patriarca dialogar
con el rico, quien le hace tres peticiones.
Primera petición (vv. 24-26). Como cualquier buen mendigo, el rico intenta conmover a
Abrahán llamándolo “padre”. El patriarca no lo interrumpe, escucha la petición “apiádate
de mí”. Lo que pide no puede ser menos: una gota de agua en la punta del dedo de Lázaro
para apagar la sed. Indicativo que Hades es lugar de tormento. Abrahán responde con el mismo tono cariñoso, llamándolo “hijo”. Pero no le concede lo que pide, lo hace con argumento. Primero: la suerte se ha invertido. El que tenía todo lo bueno en esta vida, se ve atormentado; el que solo tuvo males, ahora es consolado. El problema consiste en que este cambio de fortuna parece producirse de forma automática: el simple hecho de ser pobre trae la felicidad; el de ser rico, la desgracia. Este punto de vista parece ser el del Magníficat y de la bienaventuranzas y los ayes. Este cambio automático,
sin justificación moral alguna, es difícil de sostener. En teoría, sería necesaria alguna virtud del pobre que justificara su buena fortuna, y algún pecado del rico que justificara su castigo. En esta línea, lo que más intranquiliza es que el rico no es un explotador ni un criminal, no se dice que pagara un salario de miseria a sus obreros, ni que se hubiera enriquecido con dinero procedentes de ilícitos. Lo que dice el texto es su forma exquisita de vestir (púrpura y lino) y de comer (banqueteaba
espléndidamente todos los días), sin fijar en el pobre que está tendido a su puerta. Es la
injusticia indirecta causada por el egoísmo.
El segundo argumento usado por Abrahán para rechazar la petición es el abismo existente
entre nosotros y ustedes, que no se puede atravesar en ninguna dirección. Una idea que
coincide con la del libro etiópico de Henoc, que habla de un abismo entre la región donde
termina la gran tierra y un lugar desierto y terrible (Hen [et] 18, 10-12).
Segunda petición (v.27). El rico no ceja y plantea un deseo muy distinto, que él no le
beneficia en nada, pero sí a su familia. De nuevo sería Lázaro quien debería actuar,
presentándose ante los cinco hermanos para darles un testimonio e impedir que vengan a
2este lugar de tormento. La respuesta de Abrahán es breve y seca: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. ¿Qué espera Abrahán que saquen de su lectura? El mensaje social de la legislación del Pentateuco (Moisés) y de los profetas como Amós, Miqueas es de una fuerza enorme. Si el lector no lo sabe, el rico lo ha captado de inmediato.
Tercera petición (vv. 30-31). Lo que pretende el patriarca es la conversión de sus hermanos. Pero insiste en que esto se consigue mejor con la conversión de un muerto que con mucha lectura. No menciona a Lázaro, pero se deduce de la petición anterior que se trate de él. La respuesta de Abrahán niega que incluso el mayor milagro, la resurrección de un muerto, sirva de algo sino existe la actitud de escuchar a Dios. El v. 31 recuerda lo ocurrido con Lázaro.
La historia de la interpretación de este texto indica que este suscita diversos problemas. Una es sobre su unidad, otra, el mundo del texto, y la última sobre el tema, puesto que el texto finaliza con la planteamiento de la resurrección. La opinión más común es que el principal problema que plantea el texto es que la mayoría de los creyentes no creen que en algún momento de nuestra vida se pedirá cuenta sobre la empatía con los Lázaros. Y este aspecto es esencial, aunque tiene la dificultad de meter miedo con respecto a la riqueza. ¿Pero es esta la palabra definitiva del evangelio de Lucas? ¿No hay otro recurso, distinto del miedo, que impulse a usar rectamente la riqueza? Dentro de poco se verá que sí.
Mons. Romero dijo: “De allí que el rico y el pobre debían de sentarse a compartir juntos como dos limosneros. Dios le da limosna al rico y Dios, por el rico, le quiere dar limosna también al pobre. ¡Qué hermoso sería este concepto bíblico de pobreza y riqueza! No es malo tener. Ojalá todos fuéramos ricos. Lo malo es la insensibilidad. Lo bello es que el que tiene dé, comparta. Que comparta como hermano, como compañero de mendicidad con el pobre. Tú eres un mendigo… ¡Cómo desaparecerían la violencia, los odios, las luchas de clase!”.
