Pbro. Manuel Acosta

- Anotaciones al texto
El texto expone el encuentro de Jesús con sus discípulos en Galilea después de su resurrección, y, la misión que ellos desempeñarán en el mundo.
Este relato contiene: a) introducción (v.16); b) encuentro de los discípulos con Jesús y la reacción de estos (v.17); c) encomienda (vv. 18-20a); y, d) conclusión de la obra de Jesús, del evangelio, e inicio de la labor de los discípulos (v.20b).
En la introducción se narra la vuelta de los discípulos a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. En Mateo, Jesús anunció y clausuró su proyecto en un monte (Mt 5, 1; 20, 16). En el sentido original esta vuelta a Galilea es hacer de nuevo el mismo camino de Jesús, el de la cruz, es volver a los gentiles, la Galilea de los paganos. La comunidad de discípulos debe volver permanentemente a Jesús. Él convocará en las afueras de los centros del poder social. A ello se debe el significado del monte.
El encuentro narra que los discípulos, “al verlo”, reaccionaron unos con adoración y otros con dudas. Dichas actitudes describen a los discípulos. Así son ellos. No son perfectos, sino confusos, indecisos y fluctuantes. Sin embargo, con estas carencias humanas, Jesús cuenta con ellos.
La encomienda la hace Jesús resucitado, quien asume las veces de Dios, al afirmar “me ha sido dado toda autoridad en el cielo y en la tierra”. Dicha autoridad no es poder sino obediencia y entrega al Padre. Jesús, al igual que Dios, comparte esta autoridad con la comunidad de discípulos, a pesar de que estos tengan imperfecciones. Asimismo les asigna la tarea de continuar la misión de él y también les asegura que contarán con su presencia, aunque no esté físicamente.
A esta comunidad se le encomienda dar a conocer lo que Jesús ha enseñado, pidiendo un acatamiento de sus mandatos. Dichos mandatos son el camino de la cruz. Y la misión se desarrollará en un mundo reacio y peligroso, algo que han dejado claro la pasión y la escena anterior al texto sobre el soborno de los soldados (Mt 28, 11-15). Ante esta dificultad, Jesús concluye con su promesa: “yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (20, 20). Esta presencia es la garantía del proyecto Dios. Como en el Éxodo, Dios promete su acompañamiento histórico al pueblo. Jesús asume este papel para con la comunidad de sus discípulos.
En este texto, son las palabras de Jesús las que tienen importancia. Estas palabras, a las que Mateo, da categoría son las siguientes: primero, en cuanto al pasado: “me ha sido dada toda autoridad” (v.18). Jesús sostiene que es Dios, su Padre, quien le concedido la autoridad. Esta autoridad es la del reino de Dios que anunció en Mt 5, 1-10, en la bienaventuranzas, las mismas que Jesús hizo suyas con su vida, pasión y resurrección.
Segundo, en cuanto al presente de la comunidad: “caminen, haciéndose discípulos, bautizándoles y enseñándoles” (vv. 18-20a). El caminen es a todas las naciones, sin distinción, y sin requisitos previos; antes que bautizar está el anuncio y estarse haciendo discípulos de Jesús. La materia de enseñanza es la vida de Jesús, su ministerio que le condujo a su posterior asesinato; todo ello, según Mateo, está contenido en los cinco grandes discursos de su obra, pero sobre todo, en el sermón del monte (5, 1-10).
Y, por último, tercero, en cuanto futuro presente: “He aquí que yo estoy con ustedes…” (v.20b). Jesús establece una alianza (su presencia) con su pequeña comunidad, también sin requisitos y sin condiciones. La frase “yo estoy con ustedes”, se refiere a Jesús mismo, es decir, el Emmanuel que la virgen concibió (1, 23), es el mismo que está en su comunidad (28, 20). Para Mateo, la Iglesia es Jesús en medio de la ekklesía. Esta es en Mateo la asamblea de hermanos y hermanas.
- Sugerencias para la homilía
- “Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado” (v.16). Jesús, al momento de su Ascensión, indica que él es quien convoca a la comunidad. Esta comunidad no tiene poder, está en el monte, fuera de los templos. La Iglesia no se convoca a sí misma, es Jesús quien la reúne. Mons. Romero decía: “Cristo vive, hermanos, y vive en su Iglesia, glorificado a la diestra del Padre, presente, hecho esperanza y fuerza entre sus peregrinos de la tierra”.
- “Y al verlo le adoraron, algunos sin embargo dudaron” (v.17). Los discípulos nos representan. Así somos los cristianos de hoy: caminamos entre la tristeza y la alegría, entre la duda y la confianza. Los discípulos de hoy no somos perfectos. La clave está en que Jesús, a pesar de ello, se fía de nosotros. Él se abrevia en nuestras voluntades.
- “Me ha sido dada toda autoridad”; “vayan, haciéndose discípulos, bautizándoles y enseñándoles”; y, “he aquí que yo estoy con ustedes…”. A esta comunidad que unas veces le adora y en otros momentos duda de él, le confía estas encomiendas. Este encargo constituye lo que la comunidad cristiana debe estar haciendo siempre. La Iglesia, según el texto, no tiene poder sino autoridad. Esta autoridad le viene de Dios y del testimonio que ella da del Reino de Dios. Esta Iglesia tiene como primera tarea el anuncio de Jesús (“vayan”). El contenido de la enseñanza es Jesús crucificado-resucitado.
Mons. Romero decía: “No se apoya, la Iglesia, en los poderes de la tierra… se apoya en Cristo que es su esperanza. Cristo vive…en cada familia donde haya un corazón que ha puesto en Él su esperanza, donde hay un afligido que espera que pasará la hora del dolor… hasta en la cárcel está presente, en el corazón del que espera y ora”.

