
Pbro. Manuel Acosta
La narración tiene antecedentes en el AT (2Re 4, 42-44), la figura de Moisés es evidente y ostenta paralelos con la tradición sinóptica (Mc 6, 32-44//Mt 14, 23-31; Lc 9, 10-17). Juan y Marcos poseen semejanzas en la intriga narrativa y ambos tienen las mismas cifras: cinco mil hombres, cinco panes y dos peces, doce cestos, doscientos denarios. Asimismo, Marcos y Juan tienen diferencias. El Jesús de Marcos enseña primero a la multitud que va en busca de un pastor; los discípulos son quienes dan de comer a la multitud. Juan acentúa el papel de Jesús. Él toma la iniciativa y sabe lo que hay que hacer, mientras los discípulos están en un aprieto; y, la magnitud del signo (doscientos denarios no bastarían).
El relato se puede dividir así: a) 6, 1-4 hace la introducción del relato. Lugar, tiempo y personajes. La expresión “después de esto” (v.1) señala el inicio de un nuevo episodio, situado en la otra rivera del mar de Galilea. Jesús es acompañado de mucha gente (v.2), quienes le siguen por los signos que él ha realizado (4, 46-54; 5, 1-9). Esta razón es ambigua y oportunista. El v.3 precisa el lugar: la montaña, muy parecido a Mt, 5, 1. La descripción apunta a que Jesús dará una enseñanza. El v.4 indica la cronología: estaba próxima la Pascua. Esta indicación jalonea el texto en doble manera. Por un lado, avisa el diálogo en los vv. 25-58: remite la salida de Egipto y el don del maná. Por otro, el texto no habla de una pascua sucedida sino próxima. Esta fiesta próxima, en Juan, está asociada a la muerte de Jesús en la cruz.
b) 6, 5-9 desarrolla la preparación del signo. En el v.5 Jesús toma la iniciativa, mediante una pregunta retórica: ¿de dónde? Esta tiene como finalidad volver la mirada a Jesús, quien es el pan, dado que él ha dado la vida. El v.6 introduce un comentario, aclarando la intención de Jesús. La respuesta de Felipe (v.7) manifiesta su desacierto e incomprensión. La cantidad “doscientos denarios” subraya la dimensión de la muchedumbre y la enormidad del signo. La respuesta de Andrés es inadecuada (vv. 8-9), pero, avanza un poco en la disposición: cinco panes, dos peces pertenecientes a un muchacho. Lo que se tiene es insignificante a la situación. El contraste entre Jesús y sus discípulos es notorio. La reacción ordinaria es incapaz de dar respuesta a la pregunta planteada. Sólo Jesús conoce a la gente y sólo él sabe qué dar.
c) 6, 10-11 describe la comida, expresión del signo. Ello está en dos tiempos: el v.10, la preparación, el v.11 narra el signo. En el v.10, Jesús toma la iniciativa, invita a sus discípulos a que sienten a la gente. La realidad de las personas es desbordante. Ante esta, solo Jesús puede salvar la necesidad de los hambrientos. El v.11 narra el signo sobriamente. Jesús no pronuncia palabra alguna, no recurre a otro medio, sino que es como un padre de familia judío que toma los panes, da gracias y los reparte. El alimento es don y este lo da Jesús. Él se ha convertido en pan, que él mismo reparte.
Es oportuno observar el movimiento que Jesús realiza en estos versículos. Jesús sirve la mesa (vv. 10-11). Las acciones de Jesús son claves para entender el signo: 1) Manda que la gente se siente; 2) toma el pan y ora; y, 3) lo reparte a todos. Jesús preside la mesa de la
1comunidad, antes de dar de comer, hace que la gente se siente. El gesto es “ponerse a la mesa” juntos. Jesús da gracias (ora), siguiendo las tradiciones propias de su cultura hebrea, Jesús toma el pan y eleva una oración de acción de gracias. Jesús reparte los panes y los peces. Él asume el puesto del servidor: uno por uno, sin la ayuda de nadie, Jesús coloca el pan y pescado en las manos de los comensales.
d) 6, 12-13 presenta la constatación reiterada del signo. La recogida de los panes ordenada por Jesús (v.12) es una prescripción judía. Nada deber perderse. Es de notar que la cantidad de pan sobrante es superior a lo que tenía el muchacho. El don de Dios siempre es mayor e inesperado a las posibilidades humanas. El v.13 relata el cumplimiento de la orden de Jesús (doce). Este número hace referencia explícita al pueblo de Israel. Por tanto, el pan del pueblo de Israel ya no es el maná, sino Jesús, él es el pan de Dios para todo el pueblo de Israel.
e) 6, 14-15 relatan la aclamación del pueblo y reacción de Jesús. El v.14 explora la relación entre el ver y el creer. El signo remite a la identidad de quién lo ha realizado. Él es el profeta. Este título es controvertido: unos ven en él a Moisés y otros rechazan cualquier alusión mosaica. El v. 15 presenta la confesión de fe de la multitud. Esta es ambigua. La gente había percibido en el signo a un rey: un poderoso capaz de liberar y alimentar a su pueblo. Jesús elude este intento y se retira a la montaña. Esta ambigüedad en los interlocutores de Jesús requiere que él explique cuál es el sentido del signo. Por eso se hace necesario que el lector siga leyendo el texto.
El signo central del texto lo constituye el pan en abundancia. Este símbolo muestra, por un lado, que los discípulos no están en condiciones, por sus propios medios, de encontrar pan para todos; y, por otro, que la solución a la falta de pan tampoco reside en una ideología política (el rey). El relato pone otra vía: el pan no está en poder del ser humano, sino que es un don. El pan es gratuidad. El don está ligado al donante. El signo es cristológico. Es cierto que el donante da en plenitud, pero se escapa de los seres humanos que querían echarle mano para declararlo rey.
