Pbro. Manuel Acosta

Los elementos centrales de este día son la entrada de Jesús a Jerusalén, el rey humilde montado en un burro, recibido por la multitud y la contemplación del relato del martirio de Jesús el hijo de Dios, la Pasión. El Mártir, nace el día en que lo asesinan. El verdugo cree acabar con él, pero el efecto es contrario, enciende una hoguera que nunca se apaga, porque la causa de su muerte la constituye su fidelidad al proyecto de Dios, algo que atenta a los intereses de aquel.
El relato de la Pasión es, en los evangelios, el acontecimiento fundante. Estos fueron escritos en torno a la Pasión, al pie de la cruz. No hay evangelio sin cruz. Este es el sentido del domingo de Ramos y de la semana santa: recibir la cruz de Jesús el Hijo de Dios.
El relato de Marcos describe con mayor dureza y crueldad el martirio de Jesús en la cruz. Narra con realismo y vivacidad el asesinato, planificado y premeditado de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, por las autoridades judías y romanas. La riqueza de Marcos está en que descubre el escándalo del asesinato del Hijo de Dios en la cruz, a manos de aquellos que no quisieron entender el mensaje de conversión y el proyecto del Reino de Dios que les anunció en Mc 1, 14-15. Marcos inaugura algo inesperado: que en este Crucificado se revela definitivamente Dios y se manifiesta la crueldad de lo que somos capaces los seres humanos.
En el relato de la Pasión de Marcos se pueden percibir las siguientes partes: a. La unción en Betania (14, 1-11), una mujer desconocida unge a Jesús con perfume caro de nardo puro. Esta descubre quién es Jesús, comprende el camino que lleva el Hijo de Dios, reconoce el posible desenlace fatal de Jesús y por ello lo prepara con su unción (14, 7-8). Jesús afirma de esta mujer que “será recordada por lo que ha hecho”, es decir, que lo que ella ha realizado es evangelio (14, 9). Los sacerdotes y escribas son el contraste, estos andan buscando arrestar a Jesús para asesinarlo (14, 1).
b. La cena de Jesús (14, 12-31). La cena judía, Jesús la transforma en su cena, escenario en el cual él entrega a sus discípulos una herencia: su amor y entrega por la humanidad como una forma esencial de historizar el reino de Dios. En esta cena suceden dos elementos para tener en cuenta: la traición a Jesús (14, 17-21) y la predicción de negar a Jesús (14, 26-31). Dos tentaciones permanentes en los discípulos: traicionar y negar. En el centro del relato, están las palabras y los gestos de Jesús sobre el pan y el vino. Ante su inminente muerte, él propone que le recuerden compartiendo el pan y la copa. La alianza con Dios sólo es posible compartiendo estos dos elementos. Donde haya banquete común, es ahí donde estará Jesús.
c. La oración en el monte Getsemaní (14, 32-52). Jesús vive en este lugar su angustia, soledad, incertidumbre, dolor, miedo, pero también, en medio de esta crisis, manifiesta su abandono en la voluntad de su Padre. Jesús no es un superhombre, es un humano como todos, sin embargo, sabe que en medio de las persecuciones del mundo hay que obedecer siempre al Padre, aunque ello signifique miedo, inseguridad, destino fatal. Jesús está convencido, su mística interior le indica que, por el reino de Dios, su Padre, hay que estar dispuesto a acabar humanamente en angustia. Él está seguro que de lo demás se encargará su Padre.
d. El proceso ante el Sanedrín (14, 53-65). En este relato se pone en evidencia un contraste fuerte. Por una parte, Jesús declara, por primera vez, que él es el Mesías, y por otra, las autoridades que se escandalizan ante su afirmación, declarándolo reo de muerte, y Pedro que niega conocerlo. Se pone de manifiesto que el discípulo lo abandona, las autoridades deciden matarlo; mientras Jesús sigue fiel a su Padre.
e. El proceso ante Pilato (15, 1-20). La acusación contra Jesús cambia. Él ante la pregunta de Pilato, ¿eres tú el rey de los judíos?, responde “tú lo dices”. No esconde su identidad ante el procurador de Roma. Posteriormente ante las falsas acusaciones, Jesús no habla, posiblemente porque no era ciudadano romano. Jesús sabe que lo que le están haciendo es una injusticia, no habla, pero no esconde su identidad. Lo que sucede es que Jesús sabe que si él se defiende pueden condenar a otros, por lo que voluntariamente va hacia la muerte: calla de frente a las acusaciones y no huye de la condena, para que en el proceso quede claro que su deseo no era vencer a costa de los otros, sino padecer incluso la muerte con tal de no tratar a ninguno como enemigo. El procurador acaba cediendo a su ambición de poder y al capricho de las autoridades judías.
Marcos narra otro proceso, oscuro, burlesco y ofensivo, realizado como una farsa jurídica de parte los soldados, en el calabozo del palacio del procurador romano (15, 16-20). Los soldados romanos convierten a Jesús en objeto de su burla, simulando tributarle honores de rey. Se ensañan contra él con toda su carga de agresividad, pero aquí también calla.
f. El camino de la cruz, la crucifixión y muerte de Jesús el Hijo de Dios (15, 21-41). Marcos sostiene que Jesús es el Hijo de Dios. Esta filiación se revela sólo en el momento de su crucifixión. Jesús muere dando un fuerte grito (15,37), invocando de Dios una palabra que no escuchó (15,34), en medio de la burla y el sarcasmo de los sacerdotes y maestros de la ley, de la gente que pasaba por allí y de los que habían sido crucificados con él (15,29-33). Jesús hace suyo el destino de todos aquellos que en el mundo viven y mueren antes del tiempo, sin respuesta de ningún tipo, abandonados de Dios y de los hombres. En aquel momento, “la cortina del templo se rasgó en dos de arriba abajo” (Mc 15,38) y un centurión romano que estaba frente a Jesús crucificado exclamó: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15,39).
Es precisamente un pagano, aquel centurión romano que estaba frente a la cruz, quien reconoce la revelación de Dios en Jesús Crucificado. En este acontecimiento se revela la fuerza de un Dios débil e impotente. Al centurión romano, que ha dirigido la crucifixión de Jesús, Dios se le revela en la muerte del Crucificado. Esta es la paradoja que desde ahora en adelante marcará su vida y la de todos los que descubran a Dios en el Crucificado. La fuerza de Dios brota de la debilidad de la cruz; la salvación, de la impotencia de un hombre aparentemente fracasado. El pecado se vuelve principio de gracia y Jesús se revela y salva a los mismos hombres que le han dado muerte.

