Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Jn 12, 20-33

El texto está ubicado en el contexto cercano a la fiesta de pascua en Jerusalén (11, 55; 12, 20). El encuentro de Jesús, con algunos griegos, sucedió en este entorno (12, 20). Dicho encuentro se da por mediación de Felipe y Andrés (Jn 12, 20-22). La petición de los griegos era “queremos ver a Jesús” (v. 21).

El v. 20 presenta a los gentiles, lo griegos. El contexto induce a considerarlos temerosos de Dios, puesto son llegados en peregrinación a Jerusalén. Su función es presentar a los creyentes del mundo no judío. Estos peregrinos (v.21) se acercan a Felipe, que contarán luego con la colaboración de Andrés, para hacerle la petición de querer ver a Jesús (v.22). Jesús, al enterarse de tal petitorio, respondió con un discurso (vv. 23-32). Este contiene aspectos que los griegos no habían preguntado.

El discurso se divide en dos partes. La primera (vv. 23-29) describe los aspectos siguientes: la llegada de la hora en que el Hijo de hombre será glorificado, lo necesario que es morir para vivir y las complicaciones que causa este estilo de vida. Es tanto la angustia que causa este estilo de vida, que la voz del cielo debe intervenir para animar a Jesús.

El v. 23, Jesús no responde directamente, sino que ofrece una interpretación de su muerte: “ha llegado la hora en que el Hijo de hombre debe ser glorificado”. Tal afirmación alude a su crucifixión. Ello es confirmado por el v. 24 y por Jn 13, 1. La muerte de Jesús es glorificación y revelación de Dios en el mundo. La pasión es presencia plena de Dios. Y el título “Hijo del hombre” designa a aquel que, por su cruz, vuelve a su Padre.

El v. 24 es una pequeña parábola del grano que muere. Esta pretende especificar el sentido de la glorificación del Hijo del hombre. El texto insiste en la necesidad de que el grano muera para que emerja la vida. La muerte de Jesús es necesidad para que nazca la vida en abundancia. De este modo la parábola es una respuesta indirecta a los griegos: Jesús no se hace accesible a los paganos por un contacto histórico inmediato, sino por su muerte-elevación.

Los vv. 25-26 explican cómo la muerte de Jesús, anunciada e interpretada, determina la condición de los discípulos. El camino del seguimiento no puede eludir la puesta en cuestión de este mundo, el servicio con la propia vida, pero lleva a una relación infrangible con Jesús y con Dios. Jesús remite a los griegos al camino recorrido por el Crucificado-Elevado. El Cristo Elevado, no es accesible directamente. El camino donde uno puede encontrarse con él es en el camino del servicio, que incluye asumir el abajamiento y la muerte en el seguimiento.

El v. 27 retoma el tema de la “hora” (v.23), la muerte de Jesús, en el “ahora” presentista. Su muerte que se avecina en el evangelio de Juan es un acontecimiento presente. La frase “ahora mi alma está turbada” refiere al ser humano Jesús que experimenta la turbación frente a su inminencia de la muerte trágica. La pregunta “¿y qué diré?” es deliberativa. Jesús debe decidir. La respuesta “Padre líbrame de esta hora” refiere al Salmo 6, 5 y a Mc 14, 36-36.39. La adversativa “pero” excluye esta posibilidad de réplica: la misión de Jesús consiste en hacer de la “hora”, su muerte trágica, el centro de su acción al servicio de Dios.

Ello encuentra explicación en el v. 28. “Padre glorifica tu nombre”. Jesús ora a su Padre mediante su muerte. En esta se manifiesta la presencia de Dios entre los hombres para que sea reconocida. Tal oración se ve confirmada por una “voz procedente del cielo”, Dios mismo, quien afirma la glorificación pasada y futura de Jesús por Dios. La presencia real de Dios en el mundo tiene lugar en el Crucificado. Dios no abandona a Jesús en el umbral de la Pasión, sino reafirma la fidelidad a su Hijo. Por último, los oyentes no se ponen de acuerdo con lo escuchado del cielo (v.29), en lugar de identificar a Dios piensan que se trata de un trueno y de un ángel que le ha hablado a Jesús. Estos se muestran incapaces de discernir el sentido exacto de la oración de Dios y la respuesta de su Padre.

La segunda parte (vv. 30-33) está unida a la primera por el tema de la hora. Esta sección presenta que la hora es la muerte de Jesús en la cruz (v. 32). Dicha muerte contiene tres aspectos: la revelación inesperada de Dios, el derribo del príncipe de este mundo y la glorificación de Jesús.

El v. 30 retoma la palabra y aclara lo que la multitud no ha entendido: Dios con su intervención ha confirmado su relación privilegiada con Jesús en esta hora crucial. Él afirma que la voz escucha es por los oyentes, quienes no han entendido ni el mensaje ni el sentido de la muerte de Jesús.

El v.31 presenta dos afirmaciones. Una declara que la cruz es la hora del juicio a este mundo. El mundo injusto que mata a Jesús se ve desenmascarado con su muerte y a su vez, es juzgado por esta. La otra afirmación describe el efecto de este juicio. El “príncipe de este mundo”, en su contexto, las autoridades judías de la sinagoga, el emperador romano y sus procuradores. Estos son echados fuera. El relato no indica dónde serán expulsados. Sin embargo, afirma que el “príncipe de este mundo” es vencido por la muerte de Jesús. Es decir, este puede matar, pero no tiene la última palabra sobre la vida de Jesús. El amor de Dios revelado en el Crucificado es quien determina el sentido de la historia y de la vida.

El v.32 formula dos afirmaciones de la muerte de Jesús: la cruz es elevación de Jesús. El condenado en el patíbulo, por el poder, es exaltado por Dios. La muerte de Jesús en la cruz consuma su obra y realiza la vuelta a su Padre. La segunda afirmación: Al volver junto a Dios por su muerte, Jesús abre esta vía a todos los seres humanos. El “ser atraído” junto al Cristo elevado concierne tanto a la existencia histórica del discípulo como a su futuro tras su muerte.

Por último, el v. 33 subraya que la elevación debe ponerse en relación únicamente con la muerte de Jesús. Así indica el verbo “significar”, la cruz es el signo de la elevación, que se convierte en la interpretación de la cruz.

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