
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Mt 1, 18-24
Las narraciones de la infancia de Jesús, tanto en Mateo como en Lucas, constituyen una obertura teológica. Es decir, anticipan los temas que desarrollará cada evangelista en obra. Esta vez, Mateo plantea el origen de Jesús; la situación en la fue concebido; la intervención de Dios en estas circunstancias; y, la cuestión del nombre. Este último constituye el tema elemental que Mateo tratará a lo largo de su obra.
Siguiendo estas premisas hermenéuticas, el texto tiene las siguientes partes: 1) el título o tesis a desarrollar (v. 18a); 2) la situación en la que se encuentra María con José (vv. 18b-19); 3) intervención de Dios por medio del ángel, con una intersección de la cita de Is 7, 14 (vv. 20-23); y, 4) José cumplió lo mandado por Dios (v. 24).
En la primera parte, en consonancia con Mt 1,1, se plantea la tesis: “el origen, generación, nacimiento de Jesús fue así…”. Mateo ya lo ha presentado como “Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mt 1, 1) y, a su vez, lo ha asumido en el libro de las generaciones del Israel bíblico (1, 2-17).
Mateo pretende decir que Jesús es judío; legítimo; su lugar está en la historia de Dios con su pueblo; la fidelidad, iniciativa y presencia de Dios a lo largo de esa historia en la liberación de pueblo de la esclavitud de Egipto (éxodo) y del destierro de Babilonia; la nueva e inusual acción de Dios en la concepción de Jesús, que está en la línea de otras acciones inusuales (Tamar y Judá, Rajab y Salomón, Rut y Booz, Betsabé y David); y, que no solo es el relato de las acciones de Dios y el origen de Jesús, sino también, por implicación, el relato del origen de los seguidores de Jesús.
En la segunda se describen los presupuestos del origen de Jesús (v.18b): María estaba desposada con José y antes de contraer nupcias ella quedó embarazada. Es decir, antes de vivir juntos. José es identificado como esposo de María, pero no como padre de Jesús. Sobre María, se supone que el auditorio del evangelio conoce la práctica del desposorio, la cual daba inicio al acuerdo matrimonial que contraían las familias de los novios. A partir de entonces, los novios pasaban a ser el “esposo” y la “esposa”, aunque la boda no se celebraba hasta un año después. Durante ese período, la mujer seguía con su familia, y la pareja no hacía vida común ni tenía relaciones sexuales. Si ella llegaba a tenerlas con otro hombre, cometía adulterio. Para deshacer el desposorio hacía falta una acta de divorcio.
La adición “por obra del Espíritu Santo” aclara (a los lectores, no a José) que la concepción no se debe a infidelidad de María ni a contacto con varón alguno. Es resultado del Espíritu, el poder creador de Dios en acción, el agente de la voluntad de Dios, como en Gn 1, 2. Esta concepción sin intervención de hombre y fuera del matrimonio obvia la estructura patriarcal de la familia recalcada en 1, 1-17. Dios no está sujeto a una estructura patriarcal. La humanidad no es la que inicia esta historia sino Dios. Por ello, el origen de Jesús es por obra del Espíritu Santo. Jesús, su inicio, su origen, es voluntad única de Dios. Y, lo que importa es la finalidad divina para la que viene al mundo.
El v. 19 está dirigido a José, su esposo, y a la reacción de él al conocer el estado de María. La designación esposo, término apropiado para un hombre que ha contraído compromiso matrimonial, indica cómo puede enfocar José el asunto. A diferencia de los lectores, él no sabe nada de la intervención de Dios. Lo que sabe es que él mismo no es el padre. Pero siendo justo/recto y no queriendo exponerla en vergüenza pública, él toma una determinada resolución. José piensa que María lo ha deshonrado violando el pacto realizado en los esponsales. El repudio es la única opción (Dt 22, 22-27). Perola justicia y la rectitud no son compatibles con la compasión; por eso, no queriendo exponerla a la vergüenza pública, resuelve repudiarla en secreto. José ejemplifica la misericordia requerida de los seguidores de Jesús (5, 7; 9, 13; 12, 7).[1]
La tercera parte (vv. 20-23). Cuando José había resuelto, recibe una revelación y una nueva perspectiva de una ángel del Señor, un mensajero, que le explica la voluntad divina haciendo a Dios audible a los hombres. Este es un mundo en que la presencia y las instrucciones de Dios son frecuentes, pero de llegada imprevista. El ángel del Señor se dirige a José por su nombre y mencionando su linaje. El ángel lo tranquiliza (no temas) y le manda a tomar a María como esposa. Si quiere acatar esa orden, José tiene que hacer lo contrario de lo que ha decidido. Pero ser justo/recto significa cumplir la voluntad de Dios como es entendida en las nuevas circunstancias creadas por el origen de Jesús.
Para José y María significa llevar a cabo una acción (contraer matrimonio) contraria a lo previsto en estos casos por la sociedad, y que podría ser malentendida y considerada vergonzosa por la mayoría. No separándose y convirtiéndose en matrimonio, José y María están abocados a llevar una difícil existencia a contrapelo de la cultura en que están inmersos.
Revelando a José lo que los lectores saben desde 1, 18, el ángel le indica el motivo por el que debe realizar lo mandado: porque lo concebido en ella viene del Espíritu Santo. Por tercera vez, la narración pone de manifiesto que el estado de María es obra de Dios. Independientemente de las mediaciones humanas que hayan intervenido.
En el v. 21, el ángel comunica a José que María dará a luz un hijo y lo llamarán Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados. El pueblo que salvará es el de la alianza (su pueblo, Israel bíblico). ¿De qué lo salvará? El evangelio es escrito después de la caída de Jerusalén en 70 d. C., un acontecimiento que Mateo considera como un castigo de Dios a causa del rechazo de Jesús por la élite religiosa y política. Por otro lado, un mundo bajo la dominación romana no representa los propósitos divinos. Roma, con algunas excepciones (8, 5-13); 27, 54), también rechaza al ungido de Dios.
La frase inicial del v. 22, todo esto sucedió, se refiere, como indica el v.23, no solo al origen de Jesús, sino también al significado de su nombre. Todo eso es obra de Dios. Así, para que se cumpliese lo que dijo el Señor significa más que hacer la voluntad de Dios, es ser guiados por las Escrituras, o exponer su sentido verdadero u original. Significa realizar lo que Dios ha prometido antes, en una acción que expresa fidelidad.
El v. 23 es la cita de Is 7, 14. El profeta refiere el vocablo virgen a la mujer de Ajaz, y el niño, Ezequías. Mateo aplica esta cita a Jesús, para ubicar a Jesús en la línea de los profetas y del linaje de David. La concepción de Jesús, por tanto, es obra de Dios en una virgen.
Dar nombre al niño no es solo eso, sino también hacer expreso el encargo que Dios le ha conferido al mundo. La frase “lo llamará” de los LXX es cambiada aquí a tercera persona del plural: “y lo llamarán”. El “ellos” implícito puede referirse a los discípulos que, utilizando en nombre de Jesús, participan de su misión. Jesús recibe un segundo nombre: Emmanuel: “con nosotros está Él (Dios)”. No hay conflicto con 1, 21, puesto que salvar de los pecados es encontrar la presencia salvífica de Dios.
Emmanuel será una de las tesis principales de Mateo que volverá a plantear en 18, 20 y 28, 20[2]. Los nombres del niño (Hijo, Jesús y Emmanuel) son la apuesta de la teología de Mateo. El significado de los nombres (Hijo: su condición, Jesús: liberación; y, Emmanuel: Dios en medio de nosotros) indican la experiencia liberadora de Dios. Él libera a su pueblo haciéndose pueblo. Lo novedoso que tendrá esta liberación es que Jesús la realizará en cuanto Hijo.
Y, la cuarta parte, v. 24, sentencia que José es justo porque se dejó convencer por Dios e hizo lo que le había ordenado. Dios le había mandado que no tuviera reparo en reconocer a María como su mujer con su niño y que éste, sin saber las circunstancias que han rodeado su concepción, es obra del Espíritu Santo. El texto está evidenciando que todo ser humano es obra del soplo de Dios, de su Espíritu Santo y está llamado a llevar salvación y a hacer presente a Dios en medio de su pueblo.
[1] La mayor parte de la exégesis ha puesto interés en el tipo de embarazo de María, olvidando que lo que importa, para el texto, es afirmar, por un lado, que Dios es el autor principal de la vida humana; y por otro, que Jesús, vino al mundo a cumplir la obra humana de Dios. Entre líneas el texto dice que sólo lo humano salva lo humano.
[2] Para Mateo, Emmanuel es el calificativo de la Iglesia y de los cristianos (cf. 18, 20; 28, 20).
