Primer Domingo de Adviento

Anotaciones al texto de Mt 24, 37-44

El texto se ubica dentro del discurso escatológico de Mateo (Mt 24-25). Lo escatológico en este evangelio tiene que ver con el presente que se abre al futuro. Por tanto, los acontecimientos narrados en el texto ya han pasado, pero iluminan lo actual y así este se abre al infinito con esperanza. La comunidad de Mateo quiere hacer con este texto una mirada esperanzadora a la realidad de sus oyentes, así como proponer la actitud de la vigilancia para los tiempos que le toca vivir.

El texto tiene tres aspectos: 1) una mirada al pasado: “como en los días de Noé…así será la venida del Hijo de hombre” (vv. 37-39). Este es el primer ejemplo de vigilancia que el texto presenta. La falta de vigilancia respecto a la venida de Jesús es comparada con un descuido de tiempo muy anteriores. El texto advierte, no vivir descuidados, como en tiempos de Noé, que no se dieron cuenta de la llegada de Dios en el diluvio. Aprender de tal error, para no repetirlo en el presente. La venida del Hijo del hombre es para Mateo la presencia cotidiana de Jesús en la comunidad. Esta presencia se percibe en el texto, en cuanto que es Jesús quien habla en el relato. La llegada del Hijo del hombre es el acontecer de hoy.

Estos versículos describen la vida diaria del grupo, comer, beber, casarse, actividades que provocaban, en algunos miembros, descuido de lo elemental: vivir como Jesús. Este vivir es de manera contracultural, no solo comiendo y bebiendo. No vaya a suceder, como en tiempos de Noé, que a los descuidados se los arrastró el diluvio.

La comunidad queda advertida. Es necesario tener presente que la venida de Jesús sucede en todo acontecer. El peligro no es perderse el acontecimiento, puesto que será manifiesto para todos, sino el que sobrevenga sin que los discípulos estén preparados. Por eso han de vivir fielmente en previsión de él, sin dejarse distraer ni apartar de los planes de Dios. Los discípulos deben tenerlos presentes siempre presentes, aun yendo en contra del resto de la sociedad.

2) Una mirada a la situación de la comunidad, al presente: “Entonces dos estarán en el campo: uno es tomado, el otro es dejado” (vv. 40-41). El versículo 40 es un segundo ejemplo que concierne a dos hombres ocupados en la misma actividad con resultados diferentes; a uno lo tomarán y al otro lo dejarán. Presumiblemente, uno está preparado y alerta para la llegada del Hijo del hombre. Es la persona que no se distrae con noticias sobre falsos profetas, sino que se mantiene como fiel seguidor de Jesús en medio de la dificultad y el trabajo pastoral; que huye en el momento indicado; que ve la señal en el cielo.

El v. 41 es un tercer ejemplo de actividad de la vida diaria. Dos mujeres estarán moliendo; a una la tomarán, a la otra la dejarán. Esta distinción, similar a la del versículo anterior, da pie a la repetición de la advertencia fundamental: “Manténganse, pues, despiertos, porque no saben qué día vendrá nuestro Señor” (v.42).

El presente exige al discípulo tomar opción de vida. No se puede estar mirando a la cara, sin tomar una decisión, en función de lo que la realidad está pidiendo. A ello, se debe que el texto plantea dos verbos de decisión: “tomar” o “dejar”. La realidad no es para estar distraídos, atendiendo únicamente a noticias falsas revestidas de verdad.

3) Una propuesta: “Velen puesestén preparados…” (vv. 42-44). Los discípulos como su maestro desconocen el momento de la venida. Mantenerse despiertos, porque no saben qué día vendrá el Señor. Mantenerse despiertos representa una actitud activa, alerta, de llevar adelante lo que hay que hacer. Indica que se trata de una comunidad de seguidores fieles dedicados a vivir la voluntad de Dios, hasta que los planes divinos sean completados a la venida de Jesús.

El v. 43 es un cuarto ejemplo que subraya ulteriormente la necesidad de vigilancia, preparación para algo que acontecerá en un tiempo desconocido. “Entiendan esto”. No deja de sorprender el empleo de la imagen del ladrón referida a Jesús. Si sus seguidores no están vigilantes y preparados con una vida de discipulado fiel y activo, la inesperada venida de Jesús les “robará” la dicha de la participación en los planes de Dios.

En el v. 44, la conclusión es clara: Por eso ustedes (la comunidad que lee hoy el texto) deben estar preparados, a diferencia del hombre en el campo, de la mujer en la molienda y del dueño en su casa. Porque no saben a qué hora vendrá el Hijo del hombre. Por cuarta vez (vv. 36. 39. 42) se ha hecho hincapié en el desconocimiento de la hora. Los discípulos han de estar despiertos, alerta y llevar una vida caracterizada por la fidelidad.

La secuencia, “velad” y “estad preparados” (vv. 42. 44), tienen que ver con gente que está dormida, distraída o se la pasan hablando insustancialidades. Normalmente este tipo de personas no toman postura y son ambiguos en tiempos de dificultad. Mantenerse despiertos representa una actitud activa, alerta, de llevar adelante lo que hay que hacer. Se trata de discípulos que viven comprometidos históricamente con hacer la voluntad de Dios.

El texto también ejemplifica esta llamada urgente y pide que se comprenda (“entiéndalo”) con la imagen del dueño de la casa, quien la tiene que cuidar en todo tiempo. La llegada, inesperada, del ladrón nocturno profundiza la imagen del vigilante. Este, si quiere cuidar su casa, debe renunciar al sueño cómodo. Así, los discípulos deben vivir confiados en Dios y vigilantes, para que no se los lleve el diluvio actual.

La secuencia del texto es que no es razonable vivir de manera distraída y despreocupada “como en los días de Noé” (v. 37). Esta actitud tampoco es válida en los tiempos actuales, es decir, en “la venida del Hijo del hombre” (v. 39).

Mons. Romero dijo: ““Vigilancia es la disposición espiritual que debe producir este hermoso tiempo de preparaciónSeamos cristianos de verdad, dignos de esta hora… Sepamos vivirlo como quien vive algo que no es permanente, sino que va de paso. No instalarse, no apegarse, no perder —por los bienes ni el poder de la tierra— los encantos del reino de Dios[1].


[1] Cf. Óscar A. Romero. Homilías, 27 de noviembre de 1977, tomo II, San Salvador 2005, 30. 39.

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