Anotaciones al texto de Lc 21, 5-18

Pbro. Manuel Acosta


El texto se ubica en la sección de Lc 19, 47 – 21, 38. Este constituye uno de los últimos pasajes de esta sección. Lucas coloca al final de las enseñanzas de Jesús en el Templo, antes de la pasión, el discurso apocalíptico, inspirado en Mc 13. Se llama apocalíptico porque revela el sentido esperanzador de la historia y desvela lo que los cristianos deben hacer en los momentos actuales. La pregunta que está de fondo en el discurso es: ¿Cómo deben comportarse los seguidores de Jesús, ante los mesianismos, las guerras y ante la persecución por causa del evangelio?


El texto Lc 21, 5-18 tiene tres apartados: 1) El punto de partida (vv. 5-7): “Algunos” hablaban de la ostentosidad del Templo. El origen del discurso es una declaración sobre el fin del templo, que encaja perfectamente en una mentalidad profética. Al entusiasmo de los discípulos Jesús no responde como un guía turístico, indicando las distintas partes, dimensiones, dificultad de la construcción, tiempo y dinero que ha costado. Jesús se expresa como un profeta. Miqueas, en el s. VIII a. C., un campesino, advirtió a las autoridades políticas y religiosas que por la culpa de estas, Sión será una campo arado, Jerusalén será una ruina y el monte del templo, un cerro de breñas (Miq. 3, 12). Jeremías, un siglo después, denunció que el templo se había convertido en una cueva de ladrones y anuncia que será destruido como lo fue el templo de Siló (Jr 7, 11-14). Jesús, a diferencia de Miqueas y Jeremías que justifican la destrucción del templo por las injusticias cometidas, habla del tema sin darle importancia, como simple muestra de desacuerdo con el ingenuo entusiasmo de los discípulos. En sí mismas, sus palabras no tienen nada que ver con el fin del mundo. Sin embargo, van a dar pie al discurso, que tiene lugar inmediatamente.


Lucas introduce un cambio importante con respecto a Mc 13, 1-4. Marcos distingue dos momentos: la intervención de un discípulo, mientras salen del templo; y, en el monte de los Olivos, cuando se acercan a Jesús los cuatro discípulos, detalle típico de la literatura apocalíptica, donde la revelación se dirige a un grupo de iniciados. Lucas une los dos momentos, con lo cual la enseñanza de Jesús se dirige a todos sus seguidores. Comienzan unos ponderando los hermosos sillares del templo y la belleza de su ornamentación. Se puede seguir admirando esta belleza, pero Jesús interrumpe para anunciar la destrucción de todo ello. Esto no supone, en Lucas, ninguna novedad. Lo mismo ha dicho cuando Jesús lloró a la vista de Jerusalén (19, 44). Algunos de los presentes (Lucas omite la referencia a Pedro, Santiago y Andrés) identifican la destrucción de Jerusalén con el fin del mundo y le preguntan por las dos cuestiones típicas: cuándo ocurrirá y cuáles serán las señales previas.


2) El fin no es inminente (vv.8-9). Jesús, antes de responder a esos dos preguntas, advierte a quienes se presenten en su nombre o diciendo el momento está cerca: “¡Atención!” … “no
se dejen engañar” … “no vayan tras ellos” … “no tengan pánico” … “el fin no llega en seguida”. La aparición de muchos falsos mesías puede parecer exageración. Sin embargo, era un problema de las últimas décadas del siglo I. Ello se constata en 1Jn 4, 1; 2Pe 2, 1, escritos coetáneos con Lucas.
La expresión “Yo soy” resulta algo extraña, aunque Jesús ha dicho antes que se trata de “mi título”. Mateo prefirió aclarar lo que dicen esos falsarios: “Yo soy el Mesías” (Mt 24, 5). La esperanza de la vuelta inminente de Jesús era habitual en aquellos años. “Ha llegado la hora”, o “el momento” (hó kairós éngiken) son las palabras usadas por Ezequiel para anunciar la llegada del fin (Ez 7,4). Por eso, quienes dicen “ha llegado la hora” no se debe identificar con los discípulos, quienes anuncian la llegada del reino de Dios (Lc 10, 9.11). Se trata, más bien, de fanáticos anunciadores del fin del mundo, a los que no se debe prestar atención ni seguir. Junto con no dejarse engañar está el no tener pánico ante las noticias de guerras y revoluciones, como si supieran el fin del mundo.


3) Señales clásicas y persecuciones (vv. 10-19). El texto recoge algunas señales típicas de la apocalíptica, pero con bastante sobriedad. Más importancia que la rápida enumeración de las señales (vv. 10-11) tiene una nueva advertencia: antes de que ocurran esas señales tendrán lugar persecuciones (vv. 12. 19). El pasaje (vv. 12-18) se puede dividir en dos partes simétricas:
a) Persecución de las autoridades religiosas y políticas (vv. 12-15) Servirá para dar testimonio Jesús mismo dará palabras y sabiduría para defenderse
b) Persecución de la propia familia y sabiduría para defenderse (vv.16-18) Todos les odiarán por causa mía Con su perseverancia ganarán sus almas.


La palabras de Jesús en Lucas parecen tener en cuenta la experiencia de las comunidades. Jesús no promete que se salvarán de las autoridades, sino que sabrán justificar su conducta. También en las persecuciones familiares el final será feliz, pero en la otra vida, con la salvación del alma.


Lucas introduce cambios en el relato de Marcos (Mc 13): 1) añade una referencia a las cárceles. 2) La capacidad de defenderse no la dará el Espíritu Santo sino el mismo Jesús; este cambio es curioso recordando la enorme importancia del Espíritu en los Hechos. 3) Marcos termina con una promesa en la que todo depende de los interesados: “El que persevere hasta el final se salvará” (Mc 13, 13).
Lucas prefiere asegurar la ayuda de Dios: “no perderán ni un pelo de la cabeza”, imagen que ya ha usado en 12, 7, y que debe proceder de la fuente de Dichos de Jesús (Q) porque se encuentra también en Mt 10, 30. Y termina con una frase que parece una adaptación de la de Marcos: “Con su perseverancia ganarán sus vidas”. Esta es la virtud para practicar actualmente. Unida a la resistencia y la esperanza. Por favor, no se dejen engañar.

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